El 9 de febrero, el Gobierno procedió a la reglamentación del Régimen de Inocencia Fiscal mediante la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA). Desde dicha fecha, los depósitos en dólares han experimentado un crecimiento marginal, cercano a los u$s 902 millones, según estimaciones del sector privado. No obstante, este incremento se vio significativamente influenciado por un factor coyuntural: la cancelación de la segunda cuota de amortización del Bopreal a principios de marzo. Al excluir este efecto, el dinamismo se revela aún más restringido. De hecho, otras mediciones, como la de LCG, evidencian una desaceleración en el ritmo de crecimiento mensual, con un aumento que apenas alcanzó los u$s 45 millones en el último mes, incluso extendiendo el análisis a enero, posterior a la aprobación del nuevo régimen en el Senado.
Uno de los principales propósitos que persigue el nuevo régimen es la captación de los denominados “dólares del colchón”, incentivando la canalización de estos ahorros no declarados hacia la economía formal, bien sea a través del consumo, inversiones inmobiliarias o el financiamiento de proyectos productivos.
La normativa establece una simplificación tributaria mediante la implementación de una declaración jurada (Régimen Simplificado de Ganancias) que exime de la obligación de justificar el origen de los fondos cuando estos se destinan a gastos personales. Desde una perspectiva legal, el régimen también introduce definiciones más precisas sobre las facultades de fiscalización de ARCA.
Sin embargo, la ausencia de alicientes económicos directos, característicos de anteriores blanqueos de capitales, sumada a la persistencia de cierta reticencia ante posibles modificaciones de criterio o futuros controles, podría estar retrasando la decisión de acogerse al régimen.
“A priori, dado que no constituye un blanqueo que ofrezca un ‘blindaje’ jurídico al contribuyente que exterioriza dólares en efectivo y tampoco conlleva un beneficio fiscal sustancial (a diferencia del blanqueo de 2024), no preveo que el nivel de depósitos pueda incrementarse de manera significativa. Adicionalmente, el blanqueo previo fue muy reciente; quienes estaban en condiciones de exteriorizar sus activos lo hicieron en aquella ocasión, lo cual limita el margen actual”, indicó Amílcar Collante en declaraciones a Ámbito.
Daniel Dubin, especialista en derecho tributario, señaló que la mayoría de sus clientes “aún se encuentran en proceso de evaluación respecto a la adhesión al régimen”. “Esto obedece a la existencia de dudas sobre los riesgos inherentes a la adhesión debido a ciertas incertidumbres. Si bien los beneficios pueden resultar atractivos, el marco normativo vigente no proporciona la seguridad jurídica suficiente, lo que requiere un análisis exhaustivo por parte de algunos”, añadió Dubin.
“Por un lado, la inestabilidad política fluctuante de Argentina actúa como un factor de riesgo y, por otro, ARCA posee la potestad de intentar revocar la protección otorgada por el sistema, pudiendo originar controversias judiciales. A mi juicio, es prudente aguardar la decantación de la norma con el transcurso del tiempo”, manifestó el tributarista. Desde su óptica, la adhesión podría impulsar en mayor medida la inversión inmobiliaria o en bienes durables que los depósitos en el sistema financiero.
A pesar de lo anterior, otros tributaristas consultados por Ámbito indicaron que se anticipa que, a medida que se aproximen los vencimientos de las declaraciones juradas correspondientes al período fiscal 2025 —programados para principios de junio—, se comenzará a observar un mayor nivel de adhesión al esquema simplificado.
Bimonetarismo: la señal que emerge en los depósitos en dólares y en pesos
Posterior a las elecciones de octubre, la dinámica de marcada dolarización de los portafolios —que había provocado un notorio crecimiento de los depósitos en moneda extranjera— empezó a atenuarse. Desde entonces, el sistema financiero ha mostrado una mayor estabilidad: el ritmo de expansión de los depósitos en dólares se moderó y, simultáneamente, mejoró la participación de los depósitos nominados en pesos.
En este contexto, el economista Jorge Gabriel Barreto elaboró un análisis sobre el comportamiento de los depósitos durante el primer trimestre, destacando el “bimonetarismo” en su manifestación más evidente. “Un coeficiente cercano al 52,5% da cuenta de un sistema con una alta bimonetariedad efectiva, donde la distribución de los depósitos entre monedas se mantiene en un equilibrio relativo. Este patrón es más consistente con estrategias de cobertura y gestión de riesgo cambiario que con episodios de dolarización repentina”, explicó.
Si bien esta dinámica no es inmutable —y puede alterarse en función de las expectativas—, durante los primeros meses del año se evidenció una tendencia hacia ese equilibrio relativo entre el peso y el dólar. En este escenario, la volatilidad en las preferencias del mercado entre activos en moneda local y extranjera se perfila como una variable crucial a monitorear en los meses venideros, a fin de determinar si este esquema se consolida o si, por el contrario, se intensifica nuevamente el proceso de dolarización.










