“No sé qué voy a hacer sin vos, no sé cómo seguir. Yo solo jugaba al fútbol y ahora tengo bastantes dudas de que vaya a seguir haciéndolo por mucho tiempo más. Estuviste al lado mío desde el principio, faltaba tan poquito para el final. ¿Por qué no aguantaste ese poquito más y terminábamos juntos?”
Con estas palabras, el futbolista tocó un tema poco discutido en la cultura actual, aunque de crucial importancia: el duelo por la pérdida de un padre. A pesar de ser un proceso común, la psicología ha empezado a prestar más atención a la manera en que se vive este desenlace, especialmente en una época donde la exigencia de compartir nuestras emociones se siente más fuerte.
La pregunta que se plantea es: ¿cómo podemos enfrentar la muerte de un padre en la adultez, a pesar de que sabemos que es un evento inevitable y tras haber formado una familia propia? ¿La nueva generación, representada por Messi y otros similares, enfrenta esta pérdida con una sensibilidad diferente?
Pedro Horvat, psiquiatra que se especializa en estos temas, reflexiona sobre esta complejidad. “Cuando uno de los padres muere y el hijo ya es adulto, supone que la dependencia emocional ha cambiado, debido a su autonomía. Sin embargo, eso no alivia el dolor por la pérdida”, explica el especialista.
El duelo se convierte en una experiencia multidimensional, donde a la tristeza por la muerte se le suman las ausencias de roles significativos que el padre o madre ocupaban en la vida del hijo. Muchos padres permanecen como guías y modelos, tal como lo destacó Messi en su carta, recordando que no solo lo llevó a entrenar de niño, sino que como adulto también fue clave en su carrera profesional.
Horvat señala que el duelo puede ser profundo: “Un lugar queda vacante. Aunque uno ya es grande y tal vez no necesita a su padre o madre como antes, inevitablemente surge la añoranza por ese ‘papito’ o ‘mamita’, es decir, el padre de la infancia”. Esta nostalgia es parte del proceso de duelo, que no solo se aferra a la figura del adulto que se ha perdido, sino que también recuerda la relación del niño que solía ser.
El psicoanalista enfatiza que el duelo trae consigo muchas preguntas que pueden asumir tonos reflexivos o de reproche. “¿Por qué no llegué a decirle tal cosa? ¿Por qué no tuve tal conversación?”. A menudo, los hijos, en su nuevo rol de padres, comprenden cuestiones de sus propios progenitores que antes no concebían. Este cambio en la perspectiva tiene un impacto en la forma en que se experimenta el duelo.
La relación que se tuvo con el fallecido también influye significativamente. La elaboración del duelo es más sencilla cuando la relación ha estado marcada por el amor y el respeto. Horvat distingue que “cuando hay amor, el dolor puede hacerse más manejable con el tiempo, aunque la ausencia siempre dolerá. Un vínculo marcado por el rencor complica mucho más el proceso de duelo”.
Una pregunta relevante es si el duelo ha cambiado con las generaciones. Horvat sugiere que no necesariamente las generaciones actuales, como la de Messi, son más sensibles, sino que existe una relación de dependencia más prolongada entre hijos y padres que afecta cómo se vive la pérdida.
Darío Radosta, antropólogo y bioeticista de la Universidad de San Martín, comparte su perspectiva sobre el duelo en este contexto. Para él, el duelo que atraviesa Messi simboliza una época particular. A pesar de ser una figura pública que, a primera vista, parece contar con el apoyo de miles, Radosta destaca que “no duelamos solos”.
El duelo, aunque es una experiencia personal y subjetiva, está conformado cultural y socialmente. Las herramientas que cada uno posee para procesar la pérdida de un padre o madre son fruto de interacciones sociales. Radosta señala que “la dificultad colectiva para enfrentar la muerte de un progenitor se traduce, muchas veces, en la incapacidad de lidiar con esta realidad, lo que refleja una tendencia cultural más amplia a ignorar la inevitabilidad de la muerte”.
En el contexto de esta cultura, se ha creado un vacío simbólico que resulta difícil de llenar. Radosta sostiene que las generaciones más jóvenes, las que siguen a Messi, se encuentran más conscientes de la muerte y el duelo. “Quizá esto se deba a una percepción más directa del final de la vida, asociada a la crisis climática y una cierta desesperanza por el futuro”, expone.
Cuando alguien tan reconocido como Messi comparte su experiencia de duelo, esto resuena profundamente en la sociedad. La carta escrita por él no es simplemente un acto personal; es un llamado a la colectividad. Su tragedia se vuelve el duelo de todos, confrontando la realidad de que es muy probable que las personas tengan que enfrentar la muerte de sus propios padres. Radosta aconseja abrirse al diálogo y reflexionar sobre estas experiencias.
“Hablar con los padres sobre su muerte, sobre sus deseos y lo que desean para después de su partida; y, en el proceso de duelo, conversar con otros sobre estas experiencias, puede ayudar a crear conciencia y facilitar la aceptación de estas realidades”, recomienda Radosta.
Lionel Messi no está solo en su proceso de duelo, y los demás tampoco deberían sentirse aislados ante una experiencia tan universal y, en última instancia, humana.












