La biografía que compartía en Instagram lo resume perfectamente: “Pampeano. Periodista. Cuervo. Géminis. En Olé y Clarín de 1996 a 2023. También en Radio con Vos y otras cosas. Pampeano, repito”.
Nacido en Guatraché, este fin de semana se trasladó a Santa Rosa para visitar a su madre, Graciela, y organizar el asado dominical en su honor. Como en cada aspecto de su vida, se dedicaba con meticulosidad, atención al detalle y pulcritud. Sin embargo, durante esos preparativos, se sintió mal. A pesar de que se llamó a una ambulancia y fue trasladado a un sanatorio, sufrió un infarto que le costó la vida.
Tenía apenas 52 años. Partió demasiado pronto, al igual que su padre, Miguel, quien había fallecido de la misma manera. A lo largo de su vida, Gastón nunca había logrado superar la pérdida de su progenitor. Ahora, quizás estén abrazándose en un plano celestial, cumpliendo esa promesa de cercanía que se debían. Elijo creer que así es.
Aquellos que lo conocieron (y fueron muchos) lo identifican con su frase característica al saludar: “Hola mono”. Era habitual que utilizara stickers o gifs de monos en sus comunicaciones de WhatsApp. Para despedirse, se solía decir: “Abrazo monito”.
Sobre su amor por los asados, era un cocinero meticuloso y un gran anfitrión. Decidido, generoso, a veces gruñón, pero siempre entrañable, “El Pampa” era, además, un fanático del deporte. Su pasión por el pádel se traducía en encuentros semanales de martes y jueves con su amigo Nacho Bulián y otros compañeros de la vida.
El boxeo, el fútbol y el golf figuraban también entre sus pasiones. En el golf encontró un refugio ideal para liberar el estrés acumulado. Los paseos en bicicleta con su grupo de amigos eran otra de las actividades que disfrutaba.
Siempre hablaba con cariño de sus tres hermanas (Maribel, Lorena y Leandra), de sus sobrinos y de su familia, a la que amaba y defendía con fervor. Gustaba de referirse a aquellos que le incomodaban utilizando la palabra “payaso” cuando algo lo incomodaba.
Como periodista, su trayectoria incluyó el diario Olé, donde cubrió la consagratoria campaña de Boca en su momento de mayor esplendor, recordando particularmente la final del 2000 en Tokio, donde los goles de Martín Palermo doblegaron a un coloso como el Real Madrid.
Aunque su pasión por el club San Lorenzo no se ocultaba, nunca olvidó esa etapa dorada, llena de anécdotas y recuerdos de viajes por el país y el exterior. Las coberturas durante el verano en Mar del Plata con un equipo de alto nivel quedaron grabadas en su memoria, junto a muchas historias, algunas de ellas risueñas y otras simplemente inolvidables.
Uno de sus grupos de WhatsApp lo integraban los mellizos Barros Schelotto y otros excompañeros del periodismo deportivo. Algunas veces, se escapaban a La Plata para compartir un asado y hablar sobre fútbol, una de sus grandes pasiones junto al automovilismo. Aficionado a las carreras, mantenía un intercambio cordial con el maestro Carlos Bianchi, a quien saludaba afectuosamente a través del correo electrónico.
Siempre fue un amigo leal, jamás dejaba a nadie de lado, incluyendo a quienes trabajaron con él en el suplemento Autos de Clarín, donde era uno de los más entusiastas en la organización de encuentros. “El Pampa” constituía un periodista serio, laborioso, íntegro, alguien que enseñaba, apoyaba y construía relaciones, lejos del egocentrismo, aunque exigente consigo mismo y con los demás.
Durante su tiempo en la sección Policiales, demostró su valía como profesional. No ansiaba la fama, su prioridad era llevar a cabo su trabajo con seriedad y dedicación, reflejando un alto sentido del profesionalismo.
Lo que más destacaba en él era la pasión genuina que destilaba, un “fuego sagrado” que no se compra, que nace en la sangre. El día que visitó por última vez la redacción para despedirse, compartió en sus redes sociales: “26 años, 9 meses y 16 días trabajé en ese lugar: Olé, Autos y Sociedad/Policiales de Clarín. Caminé diez cuadras hasta casa, reflexionando sobre mi paso por el diario, y siempre que lo hago, me viene a la cabeza una imagen: mi viejo me contaba que cada mañana, el kiosquero de la avenida San Martín, en Santa Rosa, le gritaba: ‘¡Ahí salió una nota de tu hijo!’… Sé que él sabe que este nuevo paso está bien. Gracias”.
Recuerdo claramente la mañana en que vino a mi casa, en un domingo memorable, cuando Max Verstappen se consagró campeón de la Fórmula 1 en un final apasionante contra Lewis Hamilton. “¡Pará mono, pará!”, me retó cuando Verstappen superó al inglés y yo festejaba entusiasmado, a pesar de que aún faltaba que se ondeara la bandera a cuadros.
El pasado domingo 18 de octubre, cerca de las cuatro de la tarde, su querido amigo Pablo De León me contactó para darme una muy mala noticia. Primero se hizo un silencio inesperado. Luego, las lágrimas reclamaron su espacio. Nunca pensé que se iría tan súbitamente. La perplejidad fue el sentimiento predominante entre quienes recibieron la noticia.
Después, decidí escribirle a una de sus hermanas, algo que nunca había hecho. Para comunicarle algo que ya conocían: que “El Pampa” jamás pasó desapercibido y que siempre dejó su huella. “Muy triste, estamos desconsolados. Pero juntos! Así que confiamos en que estará con mi viejo cerquita”, me respondió ella, tratando de encontrar consuelo.
En su trayecto vital, actualmente se encontraba en una etapa plena, junto a De León lideraba el programa “Las cosas como son” en Radio con Vos. Tras su salida de Clarín en 2023, se unió al área de comunicación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y más recientemente, trabajó en el Ministerio de Seguridad porteño.
Por último, quiero expresar en nombre de todos los amigos que tuvimos la suerte de cruzarnos contigo, que sin duda comparten esta sensación, que te recordaremos en cada reunión, rodeados de buena comida y buenos vinos. Fuiste un compañero excepcional en el camino de la vida, siempre con el corazón puesto en tu hogar, ese que te dio el mote que te abrazó durante años. Eras “El Pampa”. Eres “El Pampa”. Porque, en efecto, tu esencia es eterna. Ahora has partido hacia la infinita conversación. Hasta el próximo asado, mono. Gracias por tu incondicional amistad.











