Con el triunfo del candidato del Frente Amplio, Yamandú Orsi en las elecciones presidenciales de Uruguay, el mapa latinoamericano ratificó el predominio de Gobiernos de izquierda y centroizquierda, lo cual limita los aliados posibles para Javier Milei en la región.
Con la derrota en el país oriental de Álvaro Delgado, el aspirante promovido por el conservador Luis Lacalle Pou, Milei quedó prácticamente en soledad en el Mercosur. Sus potenciales colaboradores en el bloque regional son Daniel Noboa en Ecuador -que es un país asociado- y Santiago Peña en Paraguay.
En contraposición, el resto del bloque está liderado por gestiones de izquierda o centroizquierda: Lula da Silva en Brasil, Gabriel Boric en Chile, Gustavo Petro en Colombia, Luis Arce en Bolivia, Dina Boluarte en Perú y Nicolás Maduro en Venezuela (país suspendido del Mercosur en 2016 por no adaptarse a las normas del organismo).
La relación de Milei con muchos de ellos desde su llegada a la Casa Rosada ha sido turbulenta, lo cual llegó a generar tensiones diplomáticas. En el caso de Colombia, el país cafetero llamó a consultas a su embajador en Argentina luego de que el líder de La Libertad Avanza afirmara que Gustavo Petro era “un asesino terrorista”. Lo mismo ocurrió con Bolivia, después de que el Gobierno argentino acusara a Luis Arce de promover un “falsa denuncia de golpe de Estado” en su contra a fines de junio.
Con Venezuela, los vínculos diplomáticos están directamente rotos luego de que Argentina denunciara al Gobierno de Maduro por no reconocer la derrota electoral frente al candidato opositor Edmundo González Urrutia, sin contar los numerosos intercambios entre los presidentes de ambos países. “Basura fascista y nazi”, fue el último comentario del bolivariano contra el argentino.
En el caso de Brasil, las confrontaciones no llegaron a involucrar al personal diplomático, pero sí han sepultado cualquier tipo de vínculo personal entre Milei y Lula da Silva, a quien el libertario llamó “comunista y corrupto” en varias oportunidades. Esa distancia entre los se vio reflejada en el helado saludo que tuvieron los dos jefes de Estado durante el G20 2024 que se organizó el 18 y 10 de noviembre en Río de Janeiro.
Las cosas no pintan mucho más favorables para el presidente argentino en la otra punta de Latinoamérica, ya que en México gobierna Claudia Sheinbaum, la candidata de Andrés Manuel López Obrador, con quien Milei también tuvo diversas hostilidades. “Es un halago que un ignorante como López Obrador hable mal de mí, me enaltece”, llegó a decir Milei en una entrevista.
Sin embargo, el libertario cosecha algunos aliados en centroamérica, especialmente en El Salvador con Nayib Bukele, a quien Milei recibió en la Casa Rosada a fines de septiembre. Su visión compartida sobre las políticas de seguridad y la crítica a los organismos internacionales ha servido como puente entre ambos mandatarios, que según el salvadoreño incluso alcanzó un grado de “amistad”.
Otros dos países con líneas ideológicas más afines al Gobierno argentino son Panamá, liderada por José Raúl Mulino, y Costa Rica, en manos de Rodrigo Chaves.
Mientras tanto, el resto del continente defiende banderas más ligadas a posiciones de izquierda o progresistas, como en el caso de Bernardo Arévalo en Guatemala, Xiomara Castro en Honduras, Luis Abinader en República Dominicana. Un caso aparte son los de Daniel Ortega en Nicaragua y Miguel Díaz-Canel en Cuba, países donde no hay elecciones libres.
El tablero de Milei en la región es complejo, lo cual lo lleva a profundizar sus alianzas con países más lejanos. Su principal apuesta está colocada en la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos. El libertario confía en que su buena relación y su afinidad ideológica en la batalla contra “la agenda woke” le sean retribuidas en la arena geopolítica y en las negociaciones con los organismos de crédito internacionales.
Otros pilares de apoyo son Giorgia Meloni en Italia, a quien recibió la semana pasada en la Casa Rosada para consolidar el vínculo entre ambos países, y Benjamin Netanyahu en Israel, a quien Milei le ratificó en varias oportunidades su apoyo incondicional. Ese es el marco en el que el presidente libertario propuso crear una Liga de las Naciones Conservadoras para defender “el capitalismo, la propiedad privada, las ideas de la libertad, la cooperación militar y la defensa de los valores tradicionales”.