El paso de Georgieva por Argentina dejó claro que hay tres aspectos clave que marcarán las reacciones y comportamientos económicos y políticos en los próximos meses. Primero, el foco del FMI y los mercados está puesto en la figura de Kicillof y el posible efecto que un balotaje entre él y Milei podría tener en el tipo de cambio. Uno de los criterios del Fondo para otorgar un programa de acceso excepcional —como el crédito actualmente concedido a Argentina, que excede la cuota establecida— es evaluar el respaldo que tienen las autoridades para implementar un plan que implica tanto estabilización como reformas que generan y destruyen empleo. Cuando ese apoyo se desvanece, el organismo tiende a congelar la situación, como ocurrió en los balotajes de 2019 y 2023, así como en 2001.
El FMI debe analizar este respaldo a través de visitas y conversaciones con empresarios, sindicatos, economistas, estudiantes y ahora también en conferencias de prensa. Durante una de estas, Georgieva cuestionó retóricamente: “¿El pueblo argentino puede ser perseverante para cambiar el país? ¿están listos?”, ignorando en gran parte los comentarios de un informe reciente que hablaba de una “creciente aceptación social de la disciplina fiscal y un apoyo político más amplio hacia la estabilidad macroeconómica”. Esto evidencia las dudas del FMI, que fueron subrayadas por Georgieva cuando cerró su intervención afirmando que “el escepticismo no es malo después de todo”.
En segundo lugar, Georgieva destacó la necesidad de que Argentina continúe comprando dólares. Respondió a una consulta sobre un posible nuevo desembolso para los pagos de capital de US$ 5.500 millones hasta 2027 diciendo: “No me preocupa que Argentina no tenga el dinero para pagar. Veo el Banco Central, aquí presente. Sigan comprando”. Este claro mensaje contrasta con posturas previas del Gobierno, que argumentaba que no era necesario en un marco de tipo de cambio flotante. Según estimaciones, las reservas están en -US$ 3.300 millones y deberían alcanzar -US$ 6.300 millones para fin de año, lo que demuestra que la recomendación de aumentar las compras de dólares sugiere que la gestión de Caputo enfrentará numerosos desafíos.
Por último, un factor crucial en esta ecuación es la participación de Ernesto Talvi, un economista que estuvo presente en la conferencia de prensa y que, aunque no se expresa públicamente, juega un papel fundamental en la narrativa del Gobierno. Talvi representa un nexo entre la estrategia inicial de Milei, que prometió una rápida reducción de la inflación, y las realidades que plantea el FMI. Una década después de aquel compromiso, el país y el organismo se encuentran nuevamente intentando estabilizar la situación económica.
Talvi ha señalado que el ajuste inicial que implementó el Gobierno fue excesivamente severo y advirtió que para evitar que el proceso de desinflación sea demasiado doloroso, se requiere de “paciencia estratégica”. Desde hace meses, Milei no menciona la meta de inflación cero. La perseverancia es un término que ha utilizado Georgieva en sus encuentros recientes, en un contexto donde la confianza en el Gobierno ha disminuido, similar a lo que se registraba a principios de 2025, aun sin haber enfrentado derrotas electorales significativas o un significativo aumento en el dólar.
El politólogo Ignacio Labaqui sostiene que el futuro del Gobierno será evaluado en las elecciones de 2027 principalmente en función de la economía. La caída en las encuestas solo puede revertirse, indica Labaqui, si hay una recuperación económica. Sin embargo, subraya que el mercado también estaría tomando nota de la creciente incertidumbre electoral: “Es probable que más pronto que tarde, los inversores comiencen a incorporar esa incertidumbre”, lo que hace que la gestión de dólares sea cada vez más crucial. Por esa razón, Georgieva instó a Caputo a adquirir más dólares, preparándose para los desafíos que se avecinan, de la misma forma que Odiseo enfrentó su travesía.












