La investigación llevada a cabo por expertos de la Universidad de Beira Interior y del Instituto Politécnico de Bragança en Portugal analizó el impacto de la natación en niños de una escuela pública en Brasil. Los hallazgos revelaron que aquellos que comenzaban a nadar a una edad temprana experimentaban un notable avance en su coordinación motora.
El estudio evaluó a 50 niños de entre 6 y 10 años que participaron en clases de natación durante 12 semanas, con una frecuencia de una sesión por semana como parte del currículo escolar.
Para identificar las diferencias, se midieron sus habilidades en el agua y su coordinación motora general antes del inicio y al finalizar el periodo de clases. Se utilizó una prueba específica que incluía varios ejercicios para evaluar el control y la coordinación corporal de los niños.
Al concluir las 12 semanas, se examinaron los resultados y se observó una mejora significativa. El promedio de coordinación motora ascendió de 140,64 puntos antes de las clases a 175,20 al término del programa. Adicionalmente, los niños progresaron notablemente en diferentes técnicas de nado.
Las mejoras más relevantes incluyeron el control de la respiración, la flotación, la postura corporal, el deslizamiento de espalda, la rotación del cuerpo y el movimiento de piernas. Asimismo, se evidenció un aumento en su capacidad para mantenerse a flote en las zonas más profundas de la piscina.
La coordinación motora es crucial durante la infancia, ya que se refiere a la habilidad de organizar y regular adecuadamente los movimientos corporales. Esta destreza es esencial para actividades cotidianas como caminar, correr, saltar o jugar.
Al practicar natación, los niños deben sincronizar el movimiento de sus brazos y piernas, controlar su respiración y mantener una posición corporal estable, lo que requiere una coordinación simultánea de distintos movimientos.
Por otro lado, otra investigación del mismo equipo halló resultados positivos en el desarrollo motor de aquellos que nadan de manera regular, especialmente en niños de 7 y 8 años.
A pesar de los resultados alentadores, los expertos subrayan la necesidad de realizar estudios adicionales para comprender mejor cómo factores como la frecuencia, la duración de las clases y la edad de inicio influyen en el desarrollo.
Además de su impacto en la coordinación motora, diversos especialistas destacan que la natación también es beneficiosa para el desarrollo físico y emocional de los niños. Esta actividad de bajo impacto fortalece la musculatura, mejora la resistencia cardiovascular y facilita la movilidad articular sin un esfuerzo excesivo.
Asimismo, aprender a manejarse en el agua tiende a aumentar la confianza y la autonomía de los niños, permitiéndoles adquirir habilidades progresivamente. También fomenta la disciplina, la constancia y la socialización, especialmente en clases grupales, consolidándose como una de las actividades más integrales para el desarrollo infantil.












