La poda de invierno debe llevarse a cabo cuando el rosal ha perdido sus hojas y ha entrado en una fase de reposo, comúnmente entre julio y agosto, dependiendo de la ubicación. Realizar la poda prematuramente puede exponer los nuevos brotes a heladas tardías, mientras que posponerla demasiado puede acortar el tiempo de recuperación previo a la floración.
Es crucial utilizar tijeras de podar que estén bien afiladas y desinfectadas, lo que contribuye a evitar cortes irregulares que puedan dañar el tejido de la planta o propagar enfermedades. Posteriormente, se deben remover las ramas secas, débiles, cruzadas, o aquellas que crecen hacia el interior de la planta, quedando así un número adecuado de tres a cinco tallos principales, fuertes y saludables. Los cortes deben realizarse en bisel, justo por encima de una yema sana que esté orientada hacia el exterior de la planta. Esta técnica favorece el crecimiento de nuevos brotes hacia el exterior, mejorando tanto la aireación como la forma del arbusto.
Después de completar la poda, es recomendable recoger las hojas caídas que se encuentren alrededor de la planta, incorporar compost o abono orgánico y regar con moderación, apoyando así el proceso de recuperación antes del inicio de la brotación primaveral. Además de la poda principal de invierno, es habitual que muchos jardineros realicen pequeñas podas de mantenimiento durante la primavera y el verano, destinando esfuerzos a retirar flores marchitas y ramas que han crecido de manera desorganizada. Esta práctica, conocida como “deshije” o poda de limpieza, es beneficiosa, ya que estimula la aparición de nuevas flores y mantiene el aspecto ordenado del arbusto sin necesidad de esperar a la próxima temporada de invierno.
La importancia de realizar una poda anual va más allá de la estética; optimiza el crecimiento de nuevos tallos, favorece la circulación del aire entre las ramas y minimiza el riesgo de enfermedades fúngicas, lo que resulta en una floración más abundante y saludable. Podar las rosas en el momento adecuado es, entonces, una tarea de jardinería que, aunque sencilla, puede generar grandes beneficios. Con las herramientas adecuadas y siguiendo el calendario apropiado, cualquier rosal puede lucir espléndido al llegar la primavera. Para quienes están dando sus primeros pasos, observar cómo se realiza la poda en jardines públicos como el Rosedal puede ser una excelente manera de familiarizarse con el proceso, perdiendo así el temor a realizar cortes en sus propios rosales.












