El dólar al contado en Brasil había cerrado el viernes a 4,9896 reales, con una baja del 1%. Sin embargo, durante la negociación de futuros realizada el domingo, los contratos con vencimiento en noviembre registraron una caída superior al 10% en el valor del real, equivalente a una cotización cercana a 5,56 unidades por dólar.
En las primeras operaciones, la depreciación llegó al 12,2%, con el dólar en torno a los 5,60 reales. La reacción reflejó la incertidumbre de los inversores frente a las perspectivas económicas del nuevo mandato.
El movimiento también tuvo repercusiones en Argentina. Según las cotizaciones del Banco Nación, el real cayó un 10,4% este lunes y pasó de 317 a 284 pesos por unidad respecto del cierre del viernes anterior.
La reacción negativa se extendió al mercado bursátil. El ETF EWZ, que reúne acciones de empresas brasileñas de mediana y gran capitalización, llegó a retroceder un 27% antes de la apertura oficial. Entre las compañías más afectadas se encontraron Petrobras, con una caída del 21%; Itaú, con una baja del 27%; y Bradesco, cuyos papeles descendieron un 29%.
Tras conocerse el resultado electoral, JP Morgan revisó sus proyecciones para los activos brasileños y el comportamiento de la moneda. La entidad había mantenido previamente una visión favorable sobre la bolsa del país y proyectado un potencial crecimiento de hasta el 20% para el índice MSCI Brazil después de la primera vuelta.
Sin embargo, el resultado definitivo y las dudas sobre la sostenibilidad fiscal y el mantenimiento de tasas de interés elevadas, definidas por la tasa Selic, llevaron a una postura más cautelosa. La incertidumbre económica y la volatilidad cambiaria motivaron una reducción de las recomendaciones sobre empresas con una fuerte exposición al mercado brasileño.
Con el 99,88% de los votos escrutados, Lula da Silva fue confirmado como ganador con el 51,76% de los votos válidos, frente al 48,24% obtenido por Flávio Bolsonaro. El actual mandatario recibió 64.149.775 votos, mientras que su rival alcanzó los 59.778.475, según los datos del Tribunal Superior Electoral de Brasil.
La campaña enfrentó dos propuestas económicas y políticas diferentes. Lula defendió la continuidad de las políticas sociales y el papel del Estado en la reducción de las desigualdades, mientras que Flávio Bolsonaro planteó cambios en la gestión gubernamental, con énfasis en la responsabilidad fiscal y el fortalecimiento de la economía.
La reacción de los mercados dejó en evidencia la incertidumbre de los inversores sobre el rumbo económico de Brasil y las decisiones que adoptará el gobierno durante el nuevo mandato.












