Economistas y analistas del sector coinciden en que disminuir las tasas de los préstamos personales y de consumo se ha vuelto crucial para que las instituciones financieras puedan apoyar a sus clientes morosos, ofrecer financiamiento más accesible y, al mismo tiempo, reactivar la demanda interna.
En los últimos meses, la presión sobre las tasas de interés ha aumentado, en sintonía con el incremento de la morosidad. Reportes de consultoras y organizaciones del sector indican que los niveles de impago en los créditos han alcanzado cifras no vistas en las últimas dos décadas, tanto en bancos como en entidades no financieras. Factores como el deterioro del salario real, el incremento de tarifas, el sobreendeudamiento y la incertidumbre económica han influido fuertemente en la capacidad de pago de los hogares.
Los bancos argumentan que la volatilidad en las tasas de interés a corto plazo complica su capacidad para reducir los costos de financiamiento. Indican que, en un contexto incierto, deben fijar tasas más altas para protegerse de fluctuaciones bruscas en el costo del dinero.
“La volatilidad de corto plazo hace difícil fijar tasas bajas de mediano plazo. Por las dudas, los bancos se cubren”, explican fuentes del sector. Este patrón se observa tanto en los préstamos personales como en otros productos dirigidos a familias y empresas.
La relación entre morosidad y tasas de interés elevadas crea un ciclo complicado. Un informe de la consultora 1816 indica que “la morosidad está vinculada con el nivel de las tasas de interés de los créditos, que son más altas en el caso de los préstamos a familias y especialmente en el caso de los préstamos de entidades no financieras”.
Las tasas de referencia a un día, que el Banco Central ha mantenido cercanas al umbral del 20%, no han conseguido reducir el costo de los préstamos personales, los cuales se mantienen en niveles altos “por diversas razones, incluyendo efectivamente la elevada morosidad, pero también la dificultad para anticipar la política de tasas del Gobierno en el contexto monetario actual”.
Los datos publicados por el BCRA revelan que, entre julio de 2025 y abril de 2026, el costo de los préstamos personales ha variado entre 65% y 85% de tasa nominal anual (TNA), con picos aún más altos en determinados tramos. Por otro lado, las tasas de plazos fijos y Badlar en bancos privados se han situado en valores notablemente inferiores, algunas alcanzando alrededor del 25% o 30% TNA, lo que evidencia la amplia brecha entre lo que los bancos pagan por captar fondos y lo que cobran por los préstamos.










