Rodríguez identificó dos capas de sociedades conectadas, una en Argentina y otra en Estados Unidos, que Vázquez utilizó para manejar su patrimonio.
* Capa local: En Argentina, su capital se administró a través de Consultora San Andrés, una firma sin empleados en la que él es el principal accionista y que opera desde un inmueble propio, alquilado por la compañía. A través de esta entidad, recibió préstamos para adquirir departamentos y comprar vehículos para él y su familia, lo que genera dudas sobre la funcionalidad de una sociedad sin personal. “Una pregunta se impone aquí”, reflexionó Rodríguez, “¿Qué servicios puede prestar esta firma si no posee empleados?”.
* Capa offshore: En Miami, el patrimonio fue administrado mediante dos compañías panameñas (Alcorta Corp y Pompeya Group Corp), controladas a través de otra sociedad establecida en las Islas Vírgenes Británicas (Galanthus Capital Limited), con sus hijas como autoridades formales, aunque él asumió la responsabilidad de pagar los impuestos correspondientes. Este diseño complejo de estructuras ha captado la atención de los investigadores, quienes señalan la intencionalidad detrás de la dificultad para identificar al beneficiario final. Un aspecto curiosamente simbólico, que no pasó desapercibido, es que los nombres de las sociedades panameñas están relacionados con el Club Atlético Huracán, club del cual Vázquez es aficionado y colaborador. “Alcorta” hace referencia a la avenida Amancio Alcorta, donde se encuentra el estadio del club; y “Pompeya”, al vecindario aledaño.
Con estas dos capas societarias, la PIA logró reconstruir la administración de bienes de Vázquez tanto en Argentina como en Estados Unidos.
* Argentina, capítulo 1: En octubre de 2010, Vázquez adquirió el 50% de un departamento en Julieta Lanteri al 1300, en la torre Chateau Puerto Madero Residence; el 50% restante pertenece a su entonces pareja y madre de sus dos hijas, Silvia Ivone Rodríguez, quien también trabaja en ARCA, con fondos que Vázquez afirmó haber donado. La escritura del bien se realizó por un valor de 335.000 dólares, aunque la PIA estima que su valor real ronda los 742.000 dólares. La financiación de la compra se llevó a cabo mediante un autopréstamo -“loan-back”- de Consultora San Andrés.










