Una característica distintiva del sistema de venta de entradas implementado por la FIFA para esta edición es su control total sobre el proceso, eliminando la participación de operadores locales. Por primera vez, se ha introducido un modelo de precios dinámico que aumenta a medida que crece la demanda. Además, se ha habilitado un mercado oficial de reventa, estableciendo una comisión del 15% tanto para compradores como para vendedores. Esta estrategia ha hecho que los precios superen con creces los de las ediciones anteriores, incluidos los de Qatar 2022 y la Copa Mundial de 1994 en EE. UU. The Economist estima que, incluso ajustando por inflación, las entradas en 2026 superan en más del doble el costo del último torneo, y son casi cuatro veces más caras que en la pasada edición estadounidense.
Los elevados precios no solo impactan en el costo oficial, sino también en el mercado secundario. Algunos boletos para la final han llegado a revalorizarse hasta en dos millones de dólares. Los aficionados brasileños, por ejemplo, deben desembolsar alrededor de 3.800 dólares para asistir a los tres partidos de la fase de grupos en el mercado de reventa. Por otro lado, los seguidores de Cabo Verde, que debutan en la competencia, enfrentarán un gasto cercano a los 1.000 dólares. Esta situación, según The Economist, refleja una tendencia similar a la del mercado estadounidense de entretenimiento, donde la compra de entradas para eventos como el Super Bowl raramente es inferior a 900 dólares, y muchas sobrepasan los 6.000. En Europa, en contraste, el costo más accesible de un boleto para la final de la Champions League se sitúa en alrededor de 200 dólares.
La estrategia de la FIFA ha generado efectos imprevistos. El análisis del medio británico señala que estos altos precios podrían ser contraproducentes para la organización. A diferencia de años anteriores, cuando la demanda superaba la oferta y los precios se mantenían al alcance mediante sorteos y políticas inclusivas, este año no se han agotado las entradas antes del inicio del torneo. De acuerdo con el estudio, la FIFA priorizaba ingresos por derechos de televisión y patrocinio por encima de la taquilla, pero su enfoque en maximizar las ganancias podría tener repercusiones.











