En este contexto, los bonos en dólares de Argentina, conocidos como Bonares y Globales, han subido hasta un 4%, mientras que el riesgo país de JP Morgan ha caído por debajo de los 450 puntos básicos, marcando un mínimo en ocho años.
Asimismo, los ADR y acciones de empresas argentinas que se transaccionan en Wall Street han presentado aumentos de hasta un 10,9%, destacándose Telecom en la cima, seguida de Banco Supervielle, que ha ganado un 10,5 por ciento.
A las 11:30 horas, el índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires mostró un aumento del 4,4%, alcanzando los 3.290.000 puntos, estableciendo un nuevo récord nominal, es decir, medido en pesos. En lo que va del año, el panel de acciones líderes ha acumulado una ganancia del 11% en dólares y del 8% en pesos.
Este repunte de los activos se produjo tras la decisión de S&P de elevar la calificación de la deuda argentina en moneda extranjera de largo plazo, gracias a los avances en el programa de austeridad fiscal y al incremento en la compra de divisas por parte del Banco Central, entre otros factores. Esta mejoría sigue a la revisión positiva realizada por Fitch Ratings a inicios de mayo.
De este modo, el riesgo país ha alcanzado su nivel más bajo en ocho años. Durante la gestión de Javier Milei, el registro más bajo de este indicador se había ubicado en enero, con 481 puntos básicos.
En su análisis, S&P justificó su perspectiva estable en la expectativa de que el Gobierno mantendrá el ajuste fiscal y que “el Banco Central aumentará sus reservas internacionales, sosteniendo el crecimiento económico y reduciendo la inflación”. La agencia destacó una menor vulnerabilidad económica y una mejora gradual en la liquidez externa, a medida que el gobierno accede a fondos mediante la emisión de bonos en dólares, utilizando garantías de organismos oficiales y acuerdos con bancos internacionales.
“El upgrade no marca el final del proceso, sino el comienzo de una etapa en la que la consistencia fiscal y la acumulación de reservas son reconocidas. El mercado comienza a cuestionar no si Argentina puede pagar, sino a qué tasa debería hacerlo”, declaró Emilio Botto, jefe de Estrategia e Inversiones de Mills Capital.
“Este cambio de calificación disminuye la probabilidad de eventos macroeconómicos adversos, como el default, crisis de balanza de pagos, o un salto abrupto del tipo de cambio, mejora la convexidad de los bonos soberanos y respalda la idea de que Argentina está evolucionando de un régimen de crisis recurrente hacia uno de estabilización gradual”, añadió Botto.
Sin embargo, S&P advirtió sobre la persistencia de desafíos y reconoció que “es probable que existan tensiones en los próximos 12 a 18 meses que podrían afectar la estabilidad económica”, aunque se mostró confiada en que el gobierno podrá enfrentar estos problemas “sin caer en default ni en un canje de deuda estresado, según nuestras definiciones”.
En este sentido, el director de C&T Asesores Económicos, Camilo Tiscornia, apuntó que “las calificadoras a veces tardan en ajustes, tanto al alza como a la baja, pero el hecho de que estén realizando estas revisiones valida lo que puede estar sucediendo”.
“La disminución del riesgo país trasciende las evaluaciones de las agencias. Está relacionada con la política fiscal y la mejora en la política macroeconómica en general. Desde una perspectiva financiera, este año comenzó de manera más prometedora, especialmente en relación a la compra de reservas, y parece que las calificadoras ahora reconocen y validan esta mejora”, concluyó Tiscornia.












