La reforma de 2012, impulsada por la entonces presidenta del BCRA, Mercedes Marcó del Pont, introdujo variaciones significativas. En particular, el kirchnerismo priorizó la modificación del artículo 3, que definía como “función primaria y fundamental” del BCRA “preservar el valor de la moneda”. Este mandato fue reemplazado por uno múltiple que incluyó “promover la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social”.
El objetivo era ampliar el papel del Banco Central, no solo limitándose a controlar la inflación, sino también asumiendo responsabilidades para fomentar el crecimiento económico y el empleo, aunque estas funciones ya estaban a cargo de otros organismos estatales. Tan fuerte fue el impulso de esta idea que Marcó del Pont ordenó modificar el cartel en la entrada del edificio de Reconquista 266 para reflejar el nuevo artículo.
Sin embargo, en los años siguientes, ni la inflación se redujo ni se logró un desarrollo equitativo. En cambio, se evidenció un efecto menos anunciado de la nueva Carta Orgánica: el artículo 20, que se refiere a los adelantos transitorios, fue reformulado. Esta herramienta permite al Banco Central financiar al Tesoro mediante emisión monetaria. Previo a la reforma, los adelantos transitorios se otorgaban por un año y no superaban el 12% de la base monetaria, cifra que podía aumentar en un 10% en base a la recaudación del año anterior.
La modificación elevó estos límites y agregó un 10% adicional con “carácter excepcional”. Además, se eliminó la asignación específica destinada a organismos multilaterales, permitiendo un uso más amplio de los adelantos transitorios por parte del Poder Ejecutivo.
De este modo, a partir de 2012, siguiendo la idea de que el BCRA debía financiar al Tesoro como una función clave, comenzó un proceso que llevó al Banco Central a emitir cada vez mayor cantidad de fondos para el Gobierno. Como contraparte, el BCRA tuvo que emitir títulos propios para absorber esa liquidez y mitigar su efecto inflacionario, lo que resultó en un incremento de los pasivos remunerados de la entidad.
Otras reformas especificaban que el BCRA debía operar “en el marco de las políticas establecidas por el Gobierno Nacional”, lo que limitaba su independencia.
Si bien el actual Gobierno ya ha restringido, de hecho, la autonomía del Central, y la contrarreforma que propone Milei aún no tiene detalles claros, se anticipa que su iniciativa buscará acotar la capacidad de emisión monetaria, que se amplió con la reforma de 2012 para enfrentar el déficit fiscal, especialmente en momentos de restricción de financiamiento.
Durante su presentación en la Fundación Faro la semana pasada, Milei propuso regresar a la Carta Orgánica anterior a 2012. “¿Qué podemos esperar de alguien de un Banco Central kirchnerista?”, se preguntó el Presidente.
“Marcó del Pont, con su enfoque, asignó a un instrumento de política económica cinco objetivos. Si se lee la Carta Orgánica actual, por cualquier motivo se puede emitir dinero. Así estábamos, nos dejaron plantados en una hiperinflación. Pero lo que quiero señalar es que el artículo 3 de la Carta Orgánica del Banco Central decía que su misión fundamental era defender el valor de la moneda. Parece que no les salió, le sacaron 13 ceros”, concluyó Milei.












