Los mensajes en contra de Álvarez se exhibieron cerca de las instalaciones de entrenamiento: una pancarta decía “Julián fuera” y otra, que mostraba el número 19, su dorsal, estaba acompañada por un símbolo de prohibición. Las imágenes fueron compartidas en redes sociales por el Frente Atlético, un grupo vinculado a la afición del club. Las tensiones ya habían comenzado a notarse en el Metropolitano el miércoles pasado, durante el primer partido de la temporada, donde el jugador no fue convocado y aún así recibió críticas desde la tribuna. Tras ese aspecto, el entrenador Diego Simeone destacó que era “muy respetuoso con nuestra gente” en respuesta a los insultos.
Durante una conferencia de prensa anterior, Simeone se refirió a la declaración del máximo accionista y Consejero Delegado Miguel Ángel Gil Marín: “Creo que si el dueño del club habla de la manera que habló, no hay más. Es como en los juicios. No ha lugar. Está más que claro lo que expresó. Desde lo deportivo, queremos cuidar a la persona para que siga cuidando el nombre que tiene”. Mientras tanto, Álvarez se entrena con normalidad en Majadahonda. En su entorno se menciona una exigencia de al menos 150 millones de euros para su traspaso, cantidad que el club ya rechazó en una oferta previa del Real Madrid.
Según se reporta, Julián Álvarez comunicó al Atlético de Madrid su deseo de salir para unirse al Barcelona, sin contemplar otra opción: o se viste de azulgrana o permanece en el Atlético, donde tiene contrato hasta 2030. El delantero habría transmitido esta postura a la dirección el 25 de mayo y, semanas después, durante el Mundial, afirmó que “lo mejor para todos era ‘una transferencia’”. El Atlético mantiene una posición firme contra la salida hacia el Barcelona, aunque esta negativa no parece cambiar los planes del futbolista.
En medio de esta situación, otro medio deportivo madrileño mencionó el interés del Arsenal por contar con sus servicios. A pesar de esto, la calificación de su situación como “irreversible” provino de un artículo que indica que Julián Álvarez rechazó al club inglés, ya que su único deseo es unirse al Barcelona, el destino al que el Atlético no acepta transferirlo, lo que limita las posibilidades de salida del jugador.
La negociación con el equipo de Mikel Arteta también se complicó por un tema ajeno al fútbol: las restricciones de visado en Inglaterra dificultarían que su familia lo acompañe con la frecuencia que él desea. Esta situación había impactado anteriormente en su relación con el Manchester City. Aunque el atacante estaba interesado en el proyecto del Arsenal, presentado como campeón de la Premier League y subcampeón de la Liga de Campeones, esta valoración no fue suficiente para que alterara su decisión.
Álvarez lleva 11 días entrenando en Majadahonda con un semblante serio y apagado. Volvió en el plazo previsto, sin ausencias ni actos de indisciplina, aunque el desgaste emocional es visible. La ruptura con parte de la afición rojiblanca se originó tras sus declaraciones en el Mundial, donde manifestó su deseo de dejar el Atlético para realizar su sueño.
Ese malestar podría ser evidente en su próximo encuentro en el Metropolitano, programado para este domingo ante Villarreal, en la segunda jornada de Liga. En el partido del miércoles no estuvo presente debido a que no fue convocado, y Simeone justificó su ausencia con una breve afirmación: “Necesita un puntito más de entrenamiento”. En tanto, Álvarez continúa su preparación en el Cerro del Espino. Este viernes realizó un trabajo físico, participando inicialmente en rondos con sus compañeros, seguido de carrera continua y sesiones en el gimnasio.
El delantero estuvo acompañado por uno de sus agentes, Sergio Díaz, y fue el primero en abandonar las instalaciones, tan solo diez minutos después de concluir el entrenamiento. Este sábado se llevará a cabo la última sesión de la semana, y Simeone decidirá si integra a Álvarez en la lista para el partido, lo que podría significar su regreso ante la afición del Atlético.












