Esta antigua práctica sostiene que la forma en que se disponen los objetos y elementos naturales afecta la circulación del chi, la energía vital. Algunas plantas son ideales para atraer prosperidad y bienestar, mientras que otras deben evitarse en los espacios interiores.
Las hortensias son una de las especies que más controversia generan. A pesar de ser apreciadas por su belleza y abundancia floral, algunas corrientes del Feng Shui las vinculan con la soledad y una energía más introspectiva.
Esta recomendación no se basa en características físicas de la planta, sino en su simbolismo. Sus grandes flores y tonalidades suaves o frías están asociadas con emociones melancólicas, lo que lleva a aconsejar su exclusión de los ambientes principales del hogar.
Según esta filosofía, hay áreas donde la energía debe favorecer el encuentro, el descanso y la armonía, por lo que las hortensias no serían la elección más adecuada.
El Feng Shui considera que la decoración trasciende la estética: cada objeto y planta representa una intención capaz de potenciar diversas sensaciones dentro del hogar. En lugar de descartar la vegetación, esta práctica reconoce que muchas plantas son aliadas efectivas para revitalizar los espacios, siendo las más recomendadas aquellas que simbolizan prosperidad, crecimiento y un flujo positivo de chi.
Si ya cuentas con una hortensia, no es necesario desprenderse de ella. La sugerencia habitual es trasladarla a espacios exteriores, donde pueda seguir luciendo su belleza sin afectar la energía de los ambientes internos. Los lugares más indicados son el jardín, el patio o el balcón, que permiten disfrutar de su floración sin situarla en áreas donde el Feng Shui promueve la tranquilidad, el bienestar y la conexión familiar.












