La iniciativa contempla la creación de un mercado en el que los comercios puedan negociar esos cupones y acceder a financiamiento a tasas más competitivas. El esquema sería impulsado por el Banco Central con respaldo del sector financiero y tendría un funcionamiento similar al que actualmente existe para los echeqs y las facturas de crédito, instrumentos utilizados tanto por grandes compañías como por pequeñas y medianas empresas.
Los datos del Banco Central muestran la dimensión potencial de este mercado. Durante julio se realizaron en el país 176,2 millones de pagos con tarjetas de crédito por un monto total de $10,6 billones. Cada operación genera para el comercio un cupón que representa el compromiso de pago correspondiente a la compra financiada.
Aunque la autorización de una compra con tarjeta se concreta en cuestión de segundos, el comercio suele recibir el dinero entre 8 y 18 días hábiles después. La operación ya cuenta con la precalificación del banco que emitió la tarjeta, que es quien asume la responsabilidad final por el pago.
Por ese motivo, el Banco Central considera que estos cupones representan para el comercio un instrumento prácticamente sin riesgo de incobrabilidad. Si el titular de la tarjeta no paga su resumen, el eventual incumplimiento queda entre el cliente y la entidad financiera, mientras que el comercio mantiene el derecho a cobrar la operación.
Actualmente, la negociación de estos flujos se concentra principalmente en Payway, Fiserv y Mercado Pago, que operan como adquirentes y proporcionan a los comercios las terminales y redes necesarias para procesar pagos con tarjetas.
En la práctica, los comercios pueden vender esos cupones a las empresas adquirentes a cambio de recibir el dinero de manera anticipada. Para el Gobierno, este sistema genera un circuito de financiamiento concentrado en pocos operadores y puede implicar tasas de descuento que llegan a duplicar o triplicar el costo que correspondería al riesgo real de la operación.
La propuesta busca modificar ese esquema mediante la transformación de los flujos futuros en instrumentos individuales, con un valor determinado y una fecha específica de cobro. El funcionamiento sería similar al de un cheque de pago diferido o un echeq emitido contra una entidad bancaria.
De esta manera, el comercio podría recurrir directamente al mercado para negociar un crédito respaldado por un banco y obtener liquidez en función del valor real de ese instrumento, sin quedar sujeto exclusivamente a las condiciones de los canales tradicionales.
El nuevo mecanismo también permitiría separar las cuotas de una misma compra. Por ejemplo, una operación realizada en tres cuotas podría convertirse en tres cupones independientes, con vencimientos a 30, 60 y 90 días. El comercio tendría entonces la posibilidad de negociar una, dos o las tres cuotas según sus necesidades de liquidez, en lugar de esperar hasta el vencimiento o aceptar una tasa de descuento determinada por un único canal.
El objetivo es que los fondos obtenidos puedan utilizarse para afrontar gastos inmediatos, como el pago de salarios o la reposición de mercadería, buscando en cada caso la tasa de financiamiento más conveniente.
El instrumento será completamente digital. Para desarrollar el nuevo mercado, el Banco Central trabaja junto con la Comisión Nacional de Valores en la estructura necesaria para darle liquidez y permitir la negociación de estos activos.
Desde el Gobierno estiman que el mercado podría alcanzar un volumen cercano a los US$30.000 millones mensuales. La expectativa oficial es que la apertura de este circuito permita incorporar nuevos participantes, aumente la competencia y reduzca las tasas que actualmente se aplican al descuento de los pagos con tarjeta.












