Durante agosto, las emisiones corporativas en dólares tuvieron un costo promedio del 5,1% anual, aproximadamente la mitad del rendimiento que actualmente exige el mercado internacional para la deuda argentina.
El escenario se desarrolla en un contexto financiero internacional más exigente, luego de que la Reserva Federal de Estados Unidos elevara su tasa de referencia en 25 puntos básicos. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años superó el 5%. Sin embargo, la evolución de otros mercados emergentes muestra que el aumento del costo global del dinero no alcanza para explicar por sí solo el deterioro registrado en Argentina.
Desde el mínimo alcanzado por el Treasury a diez años el 1° de marzo, su rendimiento aumentó 99 puntos básicos. En ese mismo período, el riesgo país de los mercados emergentes descendió 62 puntos y el de América Latina cayó 127. El costo de financiamiento de la región bajó 28 puntos básicos, mientras que en Argentina aumentó 40 puntos.
La evolución de los bonos argentinos también se diferenció de la observada en otros mercados. Durante la última semana, los títulos GD35 y GD46 retrocedieron 2%, mientras que el GD41 cayó 1,9%. En los instrumentos de vencimiento más corto, las bajas se ubicaron entre 0,4% y 0,7%. Un análisis del mercado atribuyó esta divergencia a factores propios de la economía argentina que se reflejan en la prima de riesgo.
El riesgo país pasó de unos 400 puntos en agosto a alrededor de 530, mientras que en otros países comparables se mantuvo estable o continuó descendiendo. Entre los factores internos señalados aparecen la evolución desfavorable del oficialismo en las encuestas y las dudas sobre la fortaleza de la economía. El PBI se contrajo 0,6% durante el segundo trimestre y los primeros indicadores correspondientes al tercero todavía no muestran una recuperación firme.
El historial de incumplimientos de la Argentina también constituye otro elemento que condiciona el acceso del Estado al financiamiento internacional. El país acumula nueve defaults y ese antecedente incide sobre las tasas que enfrenta, especialmente en un contexto electoral cuyo escenario todavía no está definido.
El ministro de Economía, Luis Caputo, planteó que esa situación es uno de los motivos por los que el Gobierno decidió no recurrir todavía al mercado internacional. Según explicó, la capacidad de Argentina para financiarse en esos mercados es limitada debido a su historial de incumplimientos. También sostuvo que utilizar otras fuentes de financiamiento permite liberar espacio para que empresas y provincias puedan acceder al mercado.
Los datos de las colocaciones corporativas reflejan esa dinámica. Durante agosto se concretaron 19 emisiones de obligaciones negociables denominadas en dólares por un total de US$989 millones, con una tasa promedio del 5,1% anual, 30 puntos básicos por debajo del promedio registrado el mes anterior. En el conjunto del mercado se realizaron 41 colocaciones en distintas monedas y bajo diferentes regímenes, la cifra más alta de operaciones de los últimos doce meses.
La comparación entre el costo de financiamiento del Estado y el de las compañías no es estrictamente equivalente, debido a las diferencias entre emisores, instrumentos y plazos. Sin embargo, muestra una brecha significativa entre ambos segmentos: mientras los títulos soberanos presentan rendimientos superiores al 10%, las empresas lograron obtener dólares a tasas cercanas a la mitad.
El acceso de las compañías al financiamiento externo también tiene relevancia para el programa económico, debido al ingreso de divisas en un momento en que el Banco Central redujo considerablemente el ritmo de acumulación de reservas. Los dólares obtenidos mediante estas colocaciones deben ser liquidados dentro de los 180 días posteriores a la emisión.
El vicepresidente del BCRA, Vladimir Werning, detalló a comienzos de septiembre la magnitud de esos flujos. Según los datos expuestos, después de las elecciones legislativas de octubre de 2025, cuando la victoria del oficialismo estuvo acompañada por una fuerte reducción del riesgo país, las empresas y los gobiernos provinciales emitieron alrededor de US$20.200 millones de deuda en dólares. Hasta el 26 de agosto, unos US$15.800 millones habían ingresado al mercado cambiario y aproximadamente US$4.400 millones permanecían pendientes de ingreso.
Desde la autoridad monetaria se describió este mecanismo como una calibración entre la velocidad de entrada de divisas y la evolución de la base monetaria. El objetivo es que el ingreso de dólares se produzca de manera compatible con la demanda de pesos y genere oportunidades para que el Banco Central pueda comprar reservas sin provocar una expansión excesiva de la liquidez.
Además de los fondos pendientes de ingreso, el mercado mantiene nuevas operaciones en proceso. Entre ellas figuran colocaciones de empresas como Tecpetrol e YPF, junto con futuras emisiones vinculadas a VMOS y San Juan. Este conjunto de operaciones configura un flujo adicional de dólares que podría ampliar las oportunidades de intervención del Banco Central mediante compras de divisas en bloque.












