Melina Santillán aguarda en el hall de la clínica Santa Catalina de Neurorrehabilitación en Pilar. Es sábado y son las 8:30 de la mañana. Permaneciendo junto a la entrada del pasillo que conduce a la habitación 101, observa con expectativa. Ocho meses han transcurrido desde la última vez que vio a Bastian Jerez. “Estoy muy emocionada”, comenta Melina mientras espera. La última vez que se cruzó con el niño de 9 años fue en La Frontera, el sitio donde tuvo el accidente que le demandó 17 operaciones, varios meses de terapia intensiva y un extenso proceso de rehabilitación. “Lo entregué en un estado muy grave. No estaba bien. Lo llevé a la ambulancia y no volví a verlo más”, relata. Melina, quien es pediatra intensivista, se trasladó desde Tucumán especialmente para conocer a Bastian. Ella lo había entregado a los médicos del Hospital de Pinamar en condiciones críticas, y ni siquiera se atrevió a ingresar a la habitación al regresar al hospital al día siguiente, ya que escuchó que el pronóstico era desalentador y prefirió respetar la intimidad de la familia. “Los chicos a veces sorprenden. Tienen una capacidad de recuperación impresionante”, había comentado la doctora un día después del accidente, cuando las perspectivas eran sombrías. Ocho meses después, aparece Bastian al final del pasillo, una imagen que parecía inalcanzable hace unos meses. Se acerca en una silla de ruedas, acompañado por su madre, Macarena Collantes, y su padre, Maximiliano Jerez. Aunque está recostado, con un collarín ortopédico, sostiene una bandera de la selección argentina que representa la Copa del Mundo levantada sobre sus piernas. Lo que más sorprende es su sonrisa. Bastian dirige su mirada hacia Melina, quien también lo reconoce. Él continúa sonriendo. “Hola, mi amor. Por fin te conozco”, le dice a la vez que toma sus manos. En ese instante, la expresión de Bastian se convierte en llanto, un llanto de emoción. Con pocas fuerzas, repite “gracias” hacia Melina en tres ocasiones. A sus 9 años, es plenamente consciente de todo lo que ha vivido y del papel crucial que desempeñó Melina en su vida. A su vez, Melina, al sostener sus manos, le pide que la mire. “Eres hermoso. Es hermoso conocerte. Has crecido mucho”, enfatiza. Luego le recuerda algo que aún guarda: “Aún tengo el video donde me dices gracias por salvarte la vida. Se lo muestro a todo el mundo y se emocionan”. Bastian escucha atento. “¿Sabes que te conoce todo el país? Eres un héroe. Más famoso que Superman y cualquier superhéroe”, le dice Melina, logrando que él sonría tímidamente. Este encuentro significa un reencuentro tras aquel día de enero. El accidente ocurrió el 11 de enero en La Frontera, donde Bastian estaba disfrutando de unas vacaciones con su papá. Ese domingo, decidieron pasar el día en esa zona del norte de Pinamar. El niño viajaba en la parte trasera de un UTV, sobre su padre y dos niñas menores. El vehículo era conducido por una amiga de los acompañantes de Maximiliano. Mientras intentaban descender de un médano, colisionaron con una Amarok que subía, conducida por un empresario de 28 años junto a su pareja. El impacto solo dejó a Bastian con lesiones, mientras que los demás resultaron ilesos. Melina llegó casi de manera fortuita al lugar. Pasaba por un control policial en La Frontera junto a su esposo, Juan José Torres, también médico, al percatarse de un grupo de personas aglomeradas. “Vi un cuerpo en el suelo y le dije a mi esposo: ‘Para, hay un niño'”. Allí encontró a Bastian tendido sobre la arena, inconsciente, con escaso aliento, pálido y cianótico, con un pulso muy débil. Melina comenzó a realizar maniobras de asistencia respiratoria. Poco tiempo después, el niño sufrió un paro cardiorrespiratorio. Junto a su esposo, iniciaron los masajes cardíacos y la ventilación mientras solicitaban oxígeno y el equipo necesario para intubarlo. La primera ambulancia llegó unos diez minutos más tarde, aportando oxígeno y ventilación manual. Posteriormente, arribó una segunda ambulancia. Para entonces, Bastian había recuperado el pulso, aunque se mantenía inconsciente. Melina se unió al traslado en la ambulancia hasta el Hospital Municipal de Pinamar. Regresó al día siguiente y Bastian continuaba en estado delicado, con un pronóstico entre desalentador y aterrador. “Decidí presentarme, fue como decir: estoy aquí. Pero también sentía que escapaba de mí. No quise ni preguntarles, la verdad, no quería preguntar”, recuerda. No quiso entrar a la habitación en ese momento. “Se comentaba que Bastian no iba a sobrevivir; y ahora por fin puedo verlo”, remarca con emoción. En la charla, no evita la pregunta sobre lo que representa para ella reencontrarse con Bastian tras ocho meses. “Es un momento que hemos esperado mucho. Es conmovedor, no de nervios, sino de emoción. Son los resultados que todos deseamos ver, que confirman que elegiste bien lo que haces y quién eres. Este es el final feliz que todos anhelábamos. Aunque aún falta, vamos en el camino”, explica. “Lo entregué en el peor de los estados, en el momento más crítico -repite- cuando había incertidumbre sobre lo que iba a suceder, sin saber si iba a sobrevivir la noche. Y ahora, verlo bien y que me reconozca no tiene precio”, enfatiza. Durante los meses siguientes, Melina mantuvo contacto con Macarena. Se escribieron frecuentemente, Melina preguntaba por Bastian y seguía su evolución a distancia. No lo había visto ni por videollamada. Macarena también recuerda ese primer encuentro el 12 de enero, un día después del accidente. Aunque no tiene mucha claridad sobre lo sucedido debido al shock, recuerda que se abrazaron y que le agradeció, prometiendo que la próxima vez que la viera, Bastian estaría mejor. El traslado de Bastian también quedó grabado en la memoria de su madre. “Fue todo muy rápido. Me comentaron que los riesgos eran altos, pero que era necesario porque ya allí no se podía hacer más”, recuerda. Cuando le comunicaron que debían llevar a Bastian de Pinamar a Mar del Plata, afuera una tormenta azotaba, oscureciendo el cielo. Empezó a rezar y le pidió a Dios una señal: si la tormenta significaba que debían quedarse, que así fuera; si no, que despejara el cielo para poder trasladarlo en helicóptero. “Y el sol salió”, dice. Bastian llegó en buenas condiciones y, asegurando su madre, nunca tuvo descompensaciones durante los traslados ni durante las operaciones. Mientras habla, se le llenan los ojos de lágrimas. “Recuerdo tantas cosas desde ese día. Que ella lo encontró en la playa y realizó los primeros auxilios, lo cual fue decisivo. Les agradezco eternamente”, repite. Macarena menciona que Bastian ha pasado por 17 operaciones. “Es un verdadero guerrero”, sostiene. Se mantuvo seis meses en terapia intensiva. Un mes después del accidente, comenzó a abrir los ojos lentamente, pero solo respondía con la mirada. Estaba sedado, recibiendo medicación y experimentando un intenso dolor. “Fue como una montaña rusa. Siempre lo describo así. Yo estaba en piloto automático. Fue una experiencia intensa”, comparte Macarena. Tras cuatro meses, Bastian comenzó a interactuar, siendo su primera palabra “mamá”. Volvió a sonreír. Cada pequeño movimiento para su madre fue monumental. “Ver a Bastian mover un dedo, un brazo, una pierna, que nos reconozca; eso fue una enorme bendición después de todo lo vivido”, confiesa. Actualmente se encuentra en rehabilitación, iniciando la recuperación del habla, puede mover los brazos y ha comenzado a mover individualmente sus dedos. Melina, mientras le sujeta las manos durante el encuentro, señala a Macarena: “Agarra con fuerza”. Realiza sesiones de kinesiología, lo ayudan a estar de pie y practica en una bicicleta. También está trabajando en su deglución, come con la asistencia de su familia, mastica y traga. “Me afirmaban que nunca saldría del respirador y de la traqueotomía. Que tendría que alimentarse con un botón gástrico durante toda su vida. Y ahora está masticando y tragando. No se ahoga”, relata Macarena. Aún no existe un diagnóstico definitivo sobre su evolución futura, lo que requiere más evaluaciones. “Es un niño de 9 años. Si retrocedemos al día del accidente, podríamos mencionar muchas cosas. Y hoy Bastian demuestra que es posible avanzar”, explica. Macarena rememora una frase de uno de los neurocirujanos que intervino a su hijo: “Bastian me desconcertó, me hizo reestudiar, salió de los textos de medicina”. Macarena se emociona nuevamente, al recordar lo que costó llegar a este momento. Para ella, tener a Melina al lado de su hijo representa algo que trasciende una simple visita. “Ella es parte de nosotros, nos acompañará toda la vida”, asegura. Macarena también menciona a Maximiliano, el padre de Bastian, señalando que están unidos, apoyándose mutuamente enfocados en la recuperación de su hijo. “Formamos un gran equipo. Así que estamos bien. Bien como familia”, sostiene. La causa judicial continúa abierta. Macarena menciona que cuentan con un grupo de abogados liderados por Fernando Burlando. Sobre la situación actual, refiere que los letrados están trabajando y que la familia permanece en contacto con ellos. Mientras tanto, su prioridad es Bastian. Aún faltan algunos meses de rehabilitación antes de que Bastian pueda recibir el alta, según cree Macarena. Cuando le preguntan acerca de su primera noche en casa, se emociona. “Esa noche no dormiré, pero será de felicidad. Felicidad por tantos días aquí sin saber qué sucederá”, imagina. Aclara que el nombre de su hijo no lleva tilde, no es Bastián, como se ha publicado desde el momento del accidente. También revela que Bastian tiene una hermana de 15 años, Valentina, quien ya ha retomado su rutina, y que entre ellos ya han comenzado nuevamente las típicas peleas y celos. “Hay cosas cotidianas que ahora valoramos mucho más”, confiesa. Desde que Bastian puede avisar cuando le pica algo, comunicar que tiene congestión nasal, mover un dedo, sonreír, hablar, masticar y tragar, “cada vez se comunica mucho mejor. Hemos creado nuevas formas de interactuar”, destaca. Antes de despedirse, Melina vuelve a mirar a Bastian, quien ya no es ese cuerpo inconsciente que halló en la arena el 11 de enero. Es el niño que la reconoce, que lloró al verla y que le agradeció tres veces. Ella se proyecta hacia el futuro. “Espero que siempre lo recuerde. Que cuando crezca y empiece a entender muchas cosas, lo haga más profundamente. Porque le intriga ver una ambulancia, que voló en helicóptero. Pero su visión es la de un niño”, reflexiona, cuestionándose cómo Bastian percibirá todo esto en su adultez. “¿Cómo se verá a sí mismo cuando sea mayor? ¿Qué pensamientos tendrá sobre todo lo que vivió?”, se pregunta. Macarena indica que está progresando muy bien en su rehabilitación motora, de deglución y cognitiva. Melina lo resume de otra manera: ha sido una evolución continua, día a día, semana a semana, mes a mes, “sin retroceder”. “Bastian, desde el accidente, sigue avanzando. Nunca ha dado un paso atrás. A pesar de la complejidad, ha estado en la situación más crítica que alguien puede enfrentar en una terapia intensiva, con pronósticos inciertos y sombríos. Y los pasos que ha dado son increíbles. Y así continuamos. Esa es la esperanza que nunca se pierde”, concluye Melina.
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