Los hallazgos aportan al debate global sobre la posición del dólar, que ha cobrado relevancia ante la creciente incertidumbre política en Estados Unidos y los riesgos geopolíticos emergentes. El OMFIF, un centro de reflexión con sede en Londres fundado en 2010, encuestó a 90 bancos centrales, fondos soberanos y fondos de pensiones públicos, evidenciando un interés destacado en incrementar el uso de la inteligencia artificial en comparación con los niveles actuales.
Cabe mencionar que los encuestados, que gestionan en conjunto cerca de 10 billones de dólares en activos, están adoptando una nueva visión: la volatilidad se reconoce como una característica permanente del entorno financiero, lo que los lleva a explorar enfoques innovadores para enfrentarla, incluida la implementación de la inteligencia artificial.
Yara Aziz, economista del OMFIF, aseguró que “la antigua suposición de que los inversores públicos pueden esperar a que el entorno se normalice parece cada vez más poco realista”. Sin embargo, a pesar de esta incertidumbre, no se vislumbra un reemplazo claro para el dólar, el cual se ha valorado un 3% en lo que va del año, impulsado por el aumento de las tasas de interés en Estados Unidos, la demanda de activos estadounidenses y la búsqueda de refugio debido al conflicto entre Washington y Teherán.
Alrededor del 79% de los bancos centrales y el 60% de los fondos públicos piensan que el sistema monetario global se encuentra en un proceso de transición hacia un modelo “multipolar”. Además, los encuestados manifestaron su deseo de incrementar sus posiciones en euros y en renminbi chino, aunque reconocieron que existen desafíos estructurales que limitan el potencial de ambas monedas. A pesar de eso, la gran mayoría consideró al yuan como una herramienta viable para diversificar carteras.
El oro, que ha alcanzado valores históricos y está en manos del 82% de los bancos centrales, se ha convertido en un elemento clave en la gestión de reservas. En el corto plazo, es el activo donde más bancos centrales prevén aumentar su exposición, con un 30% de los consultados planeando incrementar su asignación en el próximo uno o dos años.
El uso de la inteligencia artificial también está en ascenso, con más del 66% de los bancos centrales citando planes para incrementar su integración en el corto plazo. Sin embargo, ninguno de los bancos centrales de economías avanzadas y solo el 9% de los bancos centrales en general expresó satisfacción con su uso actual.
En el sector financiero, las instituciones están aprovechando la inteligencia artificial principalmente para el procesamiento de datos y la mejora de tareas administrativas. Sin embargo, existe una notoria brecha tecnológica: mientras que más del 89% de los bancos centrales en economías desarrolladas ya han implementado inteligencia artificial, solo el 44% lo ha hecho en mercados emergentes.
La encuesta también nos muestra un cambio en la percepción de los inversores hacia los mercados emergentes: un 38% de los fondos soberanos y públicos globales planea aumentar su exposición a estas economías en el corto plazo, un claro aumento en comparación con el 27% del año pasado.
El interés por incrementar la inversión en mercados emergentes ha superado a la intención de aumentar la asignación en economías desarrolladas, que ha caído al 25% desde el 47% anterior. De acuerdo con la encuesta, los mercados más atractivos se encuentran en Estados Unidos y China, en parte gracias a su papel en el ascenso de la inteligencia artificial.












