Actualmente, Uberti se encuentra recluido en la penitenciaria de Ezeiza, donde está siendo juzgado en relación al escándalo de los Cuadernos. Ha sido condenado a cuatro años y medio de cárcel por introducir al país 800.000 dólares vinculados a la valija de Guido Antonini Wilson, fondos destinados a la campaña electoral de Cristina Kirchner en 2007.
La Sala II de la Cámara Federal de Casación Penal ha decidido concederle la prisión domiciliaria, apoyándose en la grave situación de salud de Uberti y el “terror” que experimenta constantemente en prisión como imputado colaborador, incluyendo denuncias de amenazas a su integridad.
Su defensor comentó que desde su condición de “imputado colaborador” fue incorporado al Protocolo de Resguardo de Personas en Situación de Especial Vulnerabilidad, el cual se ha traducido en un régimen “de trato cruel, inhumano y degradante”. Los abogados de Uberti han reportado amenazas directas y manifestaciones hostiles hacia quienes, como él, han decidido romper el pacto de silencio.
Los informes del Cuerpo Médico Forense junto con los análisis de psicólogos, confirmaron que su reclusión ha desencadenado un estado de “terror” subjetivamente verosímil, además de angustia, pesadillas y una “hipervigilancia” permanente. Para prevenir agresiones en pabellones comunes, el Servicio Penitenciario Federal lo mantuvo en un aislamiento prácticamente total, pasando casi todo el día encerrado, sin actividades educativas, sin librarse al exterior y sin luz natural, lo que ha agravado significativamente su salud física y mental.
Los magistrados también consideraron el deterioro del estado de salud del exfuncionario, quien padece enfermedades crónicas e irreversibles como hipertensión arterial, cardiopatía hipertensiva, temblor esencial y lumbociatalgia. El cuadro se complicó tras un episodio de descompensación severa que requirió un traslado de urgencia a un hospital fuera del penal.
Durante su confinamiento, Uberti desarrolló hiperglucemia y debió aumentar su medicación psiquiátrica debido a un insomnio persistente y depresión. El fiscal general Mario Alberto Villar apoyó la solicitud de la defensa, argumentando que la continuidad de Uberti en prisión perjudicaría aún más su salud y que no estaba garantizado que el Hospital Penitenciario de Ezeiza pudiera ofrecer el tratamiento necesario. Además, sugirió considerar los severos riesgos vinculados a su condición médica y el estrés y miedo que sufría en el encierro.
Ante la razonable recomendación del fiscal, los jueces de Casación decidieron concederle la prisión domiciliaria, la cual se implementará con la colocación inmediata de una tobillera electrónica. Como arrepentido en el caso de los Cuadernos de las coimas, Uberti ha sido particularmente explícito en sus testimonios, los cuales son vitales dado su papel dentro del poder.
“Yo le llevaba a Néstor Kirchner bolsos con el dinero que recaudaba de las concesionarias viales que estaban bajo mi órbita. Las entregas se hacían en el despacho presidencial de la Casa Rosada o en la Quinta de Olivos. También hubo entregas en el domicilio de [Julio] De Vido”, reveló Uberti, quien trabajaba para el entonces ministro de Planificación Federal, que también cumple prisión domiciliaria por sus condenas.












