El enfrentamiento que protagonizan los líderes argentinos y brasileños se ha caracterizado por su virulencia, especialmente a partir de los insultos proferidos por Milei hacia Lula. No es la primera vez que el presidente argentino se expresa con desdén hacia su colega brasileño, pero lo que parece un intercambio superficial oculta un entramado significativamente más complejo que se desarrolla en el plano regional y mundial. Tanto Milei como Lula son piezas de un juego que trasciende sus naciones.
Milei estuvo presente en el lanzamiento de la candidatura de Flavio Bolsonaro, hijo del ex presidente, actualmente tras las rejas, en un evento realizado en el estadio Pacaembú de San Pablo. Flavio se encuentra en una carrera marcada por diversos escándalos, incluyendo grabaciones que lo vinculan con un banquero comprometido con la justicia, quien supuestamente financia su campaña.
La participación de Milei en este acto tuvo lugar tras su intento de visitar a Jair Bolsonaro en prisión, frustrado por un juez del Superior Tribunal Federal de Brasil que le impuso restricciones a su encuentro con el ex presidente. Milei interpretó esta decisión como un ataque personal. Durante el evento, el presidente argentino descalificó a Lula, llamándolo corrupto y ladrón, además de insultar a Alexandre de Moraes, el juez que le prohibió visitar a Bolsonaro, tildándolo de “basura calva”. Estos comentarios generaron una controversia de gran magnitud con las autoridades brasileñas, que respondieron con contundencia. El presidente del Superior Tribunal Federal rechazó las acusaciones en contra de la justicia local, mientras que Lula, a través de su canciller Mauro Vieira, convocó al embajador brasileño en Buenos Aires, Julio Bitelli, en lo que puede interpretarse como un gesto previo a la ruptura de relaciones diplomáticas.
Este tipo de incidentes no es un hecho aislado. En un episodio similar, cuando Milei viajó a Madrid para asistir a un evento en apoyo a Vox, se refirió al presidente español Pedro Sánchez y su esposa, ambos vinculados a escándalos de corrupción, como corruptos. Esta declaración tuvo como consecuencia que la embajada española en Buenos Aires quedara vacante durante un período prolongado. Al igual que Lula, Sánchez decidió llamar a su embajadora en consulta, aunque le ordenó que no regresara.
Sin embargo, en Brasil hay reticencia para intensificar el conflicto. Hay una sensibilidad histórica respecto a las relaciones con Argentina, y los presidentes y cancilleres brasileños han sabido priorizar este vínculo debido a su relevancia para los intereses de su país. En este sentido, es probable que la embajada en Buenos Aires sea la segunda más importante para Brasil después de la de Washington. A ello se suman las trayectorias de Vieira y Bitelli, quienes mantienen lazos amistosos con Argentina. Vieira se desempeñó como embajador en Buenos Aires antes de ocupar cargos en los Estados Unidos y la ONU, mientras que Bitelli ha estado en su tercera misión en Argentina, lo que le permite conocer el país a fondo.
Este conflicto tiene raíces que se remontan a eventos anteriores. Por ejemplo, Lula da Silva mantuvo una reunión con Joe Biden en la Casa Blanca cuando Milei competía por la presidencia. En esa ocasión, Lula advirtió a Biden sobre la amenaza a la democracia en Argentina, a raíz de la irrupción de La Libertad Avanza. Además, cuando la campaña de Sergio Massa atravesaba momentos difíciles, apareció un equipo profesional que había asesorado a Lula durante su propia campaña electoral, lo que Milei interpretó como una maniobra orquestada por el líder brasileño. Aunque el gobierno de Brasil ha sostenido que fue Massa quien contrató a dicho equipo, la recepción de Massa por parte de Lula en Brasilia como un amigo refleja el juego político entre ambos países.
Un dato relevante en este análisis es que, durante los gobiernos de Milei y Lula, Brasil asumió la defensa de los intereses argentinos en Venezuela, cuando Nicolás Maduro perseguía a los diplomáticos argentinos en Caracas. En esos momentos, Lula dejó de lado los agravios de Milei y replicó una lógica que siguió Brasil en otras instancias críticas, como durante la Guerra de Malvinas, cuando el país actuó como representante de los intereses argentinos en Londres.
Hoy, Lula se encuentra en plena campaña electoral buscando su reelección, con encuestas que le otorgan una ventaja sobre Flavio Bolsonaro (48% frente a 43%). Sin embargo, el análisis de encuestas en la región enfrenta limitaciones, ya que a menudo subestiman o no logran captar con precisión el verdadero apoyo a la derecha en la región. En caso de que Lula triunfe en las elecciones, es probable que se perpetúe el conflicto. Resulta pertinente preguntarse si esta riña beneficia o perjudica a los intereses de Argentina. En la actualidad, la situación parece polarizada, con el medio país siendo Milei y el otro medio, Lula.
El panorama es aún más amplio. Milei, bajo la influencia de Santiago Caputo, busca alinearse con una política favorable a Trump en América Latina. Este objetivo implicaría construir una liga pro-Trump compuesta por una decena de países, entre ellos El Salvador, Chile, Perú, Bolivia, Paraguay, Ecuador, Colombia y Argentina. La intención es apoyar al presidente de Estados Unidos en su doctrina “Monroe”, que se traduce hoy en la proposición “América para los americanos”. Sin embargo, esta estrategia encuentra límites importantes, ya que Brasil, México y Canadá no apoyan dicha premisa, lo que representa un desafío para Milei en su estrategia.
El resultado electoral en Brasil será clave para que Estados Unidos tenga un apoyo sólido ante la creciente competencia que presenta China en América Latina. En función de esa estrategia, el mandatario estadounidense recibió en el Salón Oval a Flavio Bolsonaro. Sin embargo, aún queda por determinar si las declaraciones de Milei perjudican su imagen en un país que es muy celoso de su autonomía, o si, por el contrario, podrían jugar a su favor. La historia reciente ha demostrado que en ocasiones, ataques de figuras como Trump han resultado en beneficios para candidatos en situaciones difíciles, como fue el caso de Carney en Canadá.
El impacto del conflicto entre Milei y Lula ha sido tan significativo que, en una muestra de su dimensión, China ha intervenido recientemente, reiterando su interés en el tema. Desde su agencia de noticias, China destacó el derecho de Brasil a no permitir injerencias externas en su política interna. También instó a una mayor cooperación bilateral y multilateral y reconoció el papel de Brasil en la seguridad y estabilidad internacional en un contexto de incertidumbre global, aludiendo a la inestabilidad que ha traído Trump con sus diversas políticas, incluyendo conflictos como el de Irán.
Esta intervención de China pone de manifiesto que la disputa no es meramente entre Milei y Lula, sino que se trastoca en un enfrentamiento más profundo entre Estados Unidos y China, donde el escenario brasileño se convierte en un campo de batalla global de intereses cruzados.
El gobierno de Brasil ha denunciado que la elección de Bolsonaro implica promesas ligadas a negocios que abordan la tensión internacional entre EE.UU. y China. Se han presentado propuestas que incluyen la oferta de tierras raras, que son esenciales para la industria tecnológica, además de la posibilidad de implementar arancel cero para el etanol, lo que podría afectar gravemente a la industria automotriz brasileña que depende de este recurso.
En este contexto, Bolsonaro también ha ofrecido a Trump un enfoque claro de política exterior antichina, un criterio que Argentina también ha adoptado. Cabe recordar que Brasil forma parte del grupo Brics, junto a Rusia, India y Sudáfrica, cuyo liderazgo recae en China. Esto implica que el conflicto entre Estados Unidos y China tiene sus repercusiones en Sudamérica, con Lula y Milei como interlocutores enfrentados en esta disputa geopolítica. Milei parece estar jugando en una competición que no solo responde a su temperamento, sino que obedece a una lógica estratégica vinculada a la fragilidad de su administración ante la opinión pública.
Esa debilidad se ve reflejada en el último índice de confianza en el Gobierno, que registró una caída del 6,5% en julio en comparación con junio, situándose en 1,94. Este indicador, elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella, tiene un rango que va de 0 a 5, lo que implica que, expresado en porcentajes, equivale a un 38,8%. Este dato es relevante dentro de una correlación histórica que afirma que, si hoy se realizaran elecciones, el Gobierno obtendría un 38,8% de los votos, es decir, un nivel por debajo del 40%, lo que lo llevaría a un balotaje.
Este indicador evidencia una tendencia de deterioro sistemático en la administración de Milei. Desde diciembre de 2025 hasta la fecha, la confianza pública en su gobierno ha caído un 21,5%. A la hora de comparar estos datos con la gestión de Mauricio Macri, surge la pregunta sobre si el índice seguirá la misma trayectoria que en esa administración, que vio un descenso desde 2018 hasta la salida del poder, aunque experimentalmente al final, pero no le fue suficiente para lograr la reelección. Por otro lado, se podría proyectar un comportamiento similar al de Cristina Kirchner, cuyo índice comenzó a caer en 2009, pero se recuperó a partir de 2010, lo que le permitió ganar las elecciones de 2011 con el 54% de los votos. Por el momento, la tendencia de Milei sigue una trayectoria que recuerda a la de Macri, incluso levemente inferior, y queda la duda sobre si la situación se revertirá como le ocurrió a Cristina o si, en cambio, continuará su descenso.
Un factor relevante en el contexto actual es que Milei cuenta con una ventaja importante: su oposición se encuentra desarticulada, lo que le permite mantener cierto margen, a pesar del deterioro de su imagen. A su vez, el gobierno enfrenta un contexto cada vez más crítico. El deseo de continuidad de parte de la población, que se sitúa en un 33%, se contrasta con el 66% que opta por un cambio. Este dato puede resultar engañoso, dado que si quienes buscan un cambio no logran unirse en torno a un candidato predominante, la opción de continuidad podrían prevalecer si logra consolidarse.
En cada proceso electoral es crucial determinar si la ciudadanía prefiere la continuidad o la ruptura con el modelo actual. Si ese 66% que desea cambio termina votando por un candidato populista, podría surgir el riesgo de un cambio en la política económica. De cara al próximo año, la incertidumbre persiste respecto de si el Gobierno dispondrá de suficientes dólares para responder a las inquietudes de quienes desconfían de la situación económica, incluso aquellos que simpatizan con el espacio libertario.
El ministro de Economía, Luis Caputo, recibió una noticia ambivalente: Kristalina Georgieva, de FMI, afirmó que Argentina no necesita más ayuda financiera. Suena positivo, pero el contexto plantea dudas sobre la solidez de esta afirmación. Caputo ha presentado un plan financiero para asegurar que el gobierno podrá cumplir con los pagos de bonos el siguiente año. El esquema contempla que los inversores renovarán sus títulos y el Banco Central ejercerá una política de intercambio de pesos por dólares con el Tesoro.
El creciente riesgo que plantea un candidato como Axel Kicillof podría despertar inquietudes entre los inversores. Si surgen preocupaciones sobre el futuro del país, ¿serán todos quienes deban renovar su deuda con el Estado? ¿Habrá quienes prefieran comprar dólares? Esto implica que el plan de Caputo se basa en una narrativa de calma total, cuando en realidad es necesario un programa financiero sólido que contemple los riesgos latentes. La posibilidades de un contexto adverso podrían obligar al gobierno a salir al mercado en busca de fondos o a recurrir nuevamente a la influencia de Trump.
Este es el razonamiento que parece guiar la política internacional de Milei. La estrategia de crear un club de países alineados a Trump y de intervenir en la política brasileña para asegurar que Bolsonaro emerja como un aliado estratégico, está diseñada a la luz de la principal necesidad que enfrenta Argentina: asegurar el acceso a dólares. Esta presión se ve exacerbada por el temor a un Trump en el poder que podría reconsiderar su apoyo financiero a Argentina en función de su propio bienestar electoral.
Por otra parte, un nuevo capítulo relacionado con el exterior ha surgido en el ámbito del fútbol argentino. La semana pasada, se conoció que Claudio “Chiqui” Tapia, presidente de la AFA, habría tenido sus celulares retenidos en Nueva York. Aunque la AFA desmintió estos hechos, fuentes cercanas afirman que efectivamente ocurrió. Sin embargo, la verdadera naturaleza de estos dispositivos sigue siendo un misterio; si eran los habituales o si estaba utilizando otros en EE.UU.
Este hecho se conecta con las investigaciones en curso en EE.UU. sobre maniobras vinculadas a la AFA y flujos de dinero que han pasado por entidades bancarias en ese país, otorgando así la jurisdicción para investigar. Se espera que un testigo clave aporte información ante un gran jurado sobre estos movimientos, asociados en gran medida a operaciones de Javier Faroni y su esposa, Erica Gillette, ambos muy cercanos a Tapia y a Pablo Toviggino, dentro de un entramado que incluye a Sergio Massa.
La progresión de estas investigaciones es de suma importancia, ya que, si los dirigentes de la AFA terminan imputados, podrían ser solicitados para su extradición y enfrentar acusaciones en Estados Unidos. Por lo tanto, el desarrollo judicial de Tapia y sus colegas resulta fundamental. Están intentando que la Cámara Federal de Casación derive el expediente al juez Adrián González Charvay, a quien consideran más benevolente. Este tema será decidido el 12 de agosto y dependerá de la decisión de dos jueces, Mariano Borinsky y Diego Barroetaveña. Borinsky había sido reacio a intervenir, pero su postura cambió cuando se consideró la posibilidad de enviar el caso a González Charvay, que ya estuvo implicado en la AFA.
En este contexto, surgen rumores sobre la figura del “pendrive”. Se dice que Juan Pablo Beacon, un antiguo colaborador de Toviggino en conflicto, posee uno que podría tener contenido perjudicial. Se plantea la posibilidad de que el juez Ariel Lijo haya recibido otro por una vía diferente, en donde se menciona la conexión de un camarista de Casación con viajes y alojamientos de lujo, lo que podría ser motivo de inquietud para el magistrado que se vea obligado a intervenir en estas causas.
Mientras tanto, el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, se encuentra bajo el escrutinio por sus lazos con la AFA y la influencia que pueda ejercer sobre la selección de magistrados en este contexto complejo, donde deben cubrirse 300 vacantes judiciales. Por su parte, Mahiques, en una reciente entrevista, negó conocer a Tapia, pero meses antes había admitido haberlo encontrado en el ámbito futbolístico y hasta haber tenido relaciones políticas y profesionales con él. Su discurso ha variado, lo que indudablemente genera dudas sobre la sinceridad de sus afirmaciones.
La situación genera un clima de incertidumbre sobre el futuro de las investigaciones, la actuación del ministro y las posibles influencias en el Poder Judicial. La pregunta que queda en el aire es si se permitirá la transparencia en el manejo de estas diligencias o si, debido a los contactos mencionados, prevalecerá el manto de la impunidad.












