Entre las posibilidades se encuentran las acciones de compañías vinculadas al negocio inmobiliario, las obligaciones negociables emitidas por desarrolladoras, los Cedears de empresas extranjeras y determinados fondos comunes de inversión con participación en actividades relacionadas con la construcción o los alquileres.
Para operar, el primer paso consiste en abrir una cuenta comitente en un agente de liquidación y compensación (ALyC). El trámite suele realizarse de manera digital, con validación de identidad, información financiera y vinculación de una cuenta bancaria.
Una vez habilitada, el inversor puede transferir pesos o dólares, buscar el instrumento mediante su ticker, analizar la cotización, el volumen negociado y la diferencia entre las órdenes de compra y venta, y finalmente ingresar la operación. Luego debe esperar el proceso de liquidación.
La posibilidad de salir de una inversión depende de que exista una contraparte dispuesta a comprar el instrumento al precio solicitado. Por eso, el nivel de negociación y la liquidez adquieren especial importancia en activos que tienen poca actividad en el mercado.
Una de las alternativas más directas consiste en comprar acciones de una compañía que desarrolle, administre o tenga activos inmobiliarios. De esta manera, el inversor participa del capital de la empresa y puede obtener una ganancia si aumenta el valor de sus acciones o recibir dividendos cuando corresponda.
En el mercado local existe una compañía con presencia en segmentos como centros comerciales, oficinas, hoteles y desarrollos residenciales. En este tipo de empresas, la cotización no está determinada únicamente por el valor de sus propiedades. También inciden las expectativas sobre los ingresos futuros, el consumo, los alquileres, las tasas de interés, los costos de construcción, el nivel de deuda y la evolución de la economía.
Por lo tanto, comprar acciones de una compañía inmobiliaria no significa adquirir una parte determinada de un inmueble. Se trata de participar en una empresa que puede contar con diferentes negocios y cuya valuación responde a múltiples variables.
Otra alternativa son las obligaciones negociables (ON), instrumentos mediante los cuales las empresas obtienen financiamiento. El inversor que compra una ON le presta dinero al emisor y recibe intereses y la devolución del capital de acuerdo con las condiciones fijadas en la emisión.
En el caso de una desarrolladora inmobiliaria, los fondos obtenidos pueden utilizarse para construir proyectos, comprar terrenos o refinanciar deudas. El rendimiento de la inversión estará condicionado por la tasa de interés, el precio pagado por el título, el plazo y la capacidad de la empresa para cumplir con sus obligaciones.
Antes de comprar una ON, entre los principales aspectos a revisar se encuentran la moneda de emisión y pago, la tasa de interés, la fecha de vencimiento, el esquema de amortización, las garantías, la jurisdicción, el destino de los fondos, el nivel de endeudamiento del emisor y la liquidez del instrumento.
A diferencia de las acciones, una ON representa un crédito contra la empresa. El inversor recibirá los pagos establecidos si el emisor cumple con sus compromisos, independientemente de que aumente o disminuya el valor de los inmuebles que posee. Si decide vender el título antes de su vencimiento, además, deberá hacerlo al precio que determine el mercado, que puede ser considerablemente diferente del valor de compra.
Los Cedears constituyen otra alternativa para acceder al negocio inmobiliario a través del mercado local. Se trata de certificados que representan acciones o fondos cotizados en mercados internacionales y que pueden negociarse en BYMA, lo que permite acceder a compañías extranjeras sin operar directamente en una bolsa del exterior.
El valor de un Cedear en pesos está determinado principalmente por la cotización del activo que representa en su mercado de origen y por el tipo de cambio implícito. Por ese motivo, el certificado puede aumentar de precio en pesos aunque la acción subyacente permanezca estable si se produce una variación cambiaria favorable.
El movimiento también puede darse en sentido contrario: un Cedear puede caer aun cuando el dólar suba si la cotización del activo que representa disminuye en una proporción mayor.
Durante 2026 se incorporaron Cedears vinculados con distintos sectores, incluido el inmobiliario. Antes de operar, es necesario revisar la oferta disponible, el ratio de conversión, la moneda de negociación y el volumen de cada certificado.
También es importante analizar qué activos respaldan a cada compañía o fondo, ya que los resultados pueden variar según la exposición esté concentrada en oficinas, locales comerciales, viviendas, hoteles o establecimientos de salud. Los dividendos generados por esos activos, además, pueden sufrir deducciones antes de llegar al inversor que posee el Cedear.
Las alternativas bursátiles no eliminan los riesgos propios de una inversión inmobiliaria y presentan características diferentes a la compra directa de una propiedad. Las acciones pueden tener variaciones importantes por cambios en las expectativas del mercado; las ON dependen de la capacidad de pago de la empresa y de las condiciones de cada emisión; y los Cedears suman la evolución del activo extranjero, las fluctuaciones cambiarias y las condiciones de los mercados internacionales.
Por eso, aunque estos instrumentos permiten acceder al sector inmobiliario con montos menores y distribuir el capital entre diferentes alternativas, no garantizan una renta ni eliminan el riesgo de pérdida. Antes de invertir, deben evaluarse el plazo previsto, la moneda, la liquidez, el riesgo crediticio, la volatilidad y los costos asociados a cada instrumento.












