Aunque es un problema poco conocido fuera del ámbito médico, su prevalencia está en aumento y seguirá creciendo. “Se espera que para 2030 se convierta en la principal causa de tratamientos en neurocirugía”, sostuvo un neurocirujano especializado en neurointervencionismo y director de un importante centro de referencia en el país.
A medida que las personas envejecen, se expande el espacio entre el cerebro y la duramadre, la membrana que lo cubre, lo que puede provocar lesiones en las pequeñas venas que atraviesan esta área tras un golpe. Además, el uso de anticoagulantes o antiagregantes contribuye a esta situación. “A veces tienes que preguntar: ‘¿No recuerda haber sufrido algún golpe?’. Y los pacientes responden: ‘Quizás me golpeé en algún momento’. Sin embargo, muchas veces el impacto no es significativo”, explicó el especialista.
El hematoma puede crecer lentamente, comprimiendo progresivamente el cerebro y generando síntomas como dificultad para caminar o hablar, pérdida de fuerza, somnolencia o problemas cognitivos. A diferencia de un accidente cerebrovascular, que suele presentarse de manera repentina, estos síntomas pueden desarrollarse de forma gradual. Su diagnóstico se realiza a través de una tomografía.
Recientemente, durante un congreso sobre intervencionismo mínimamente invasivo, se presentó una técnica innovadora argentina que permite abordar este problema. La metodología aprovecha la arteria meníngea media para acceder, mediante microcatéteres, al espacio subdural, tratar los vasos responsables de la persistencia del hematoma y, a su vez, aspirar su contenido. Este procedimiento ya ha sido realizado con éxito en pacientes locales. Según el neurocirujano, se completó un protocolo autorizado para 25 personas y, en el seguimiento a seis meses, no se han registrado recurrencias ni reinternaciones vinculadas al tratamiento.
“¿Qué es exactamente un hematoma subdural y por qué es tan frecuente en personas mayores? Es un problema bastante común que seguirá en aumento. Con el incremento de la longevidad, surgen más hematomas, ya que las personas mayores son propensas a golpear su cabeza, y muchos toman anticoagulantes o antiagregantes. Frecuentemente, ni siquiera recuerdan haber sufrido un golpe importante”, indicó el experto.
Los síntomas dependen de la localización del hematoma y pueden confundirse con un accidente cerebrovascular. “Todos los pacientes que tratamos presentaban síntomas, pero estos se manifiestan de acuerdo al área afectada. Si el hematoma está en el hemisferio izquierdo, relacionado con el lenguaje, el paciente puede experimentar afasia. En contraste, si compromete zonas motoras, se puede observar debilidad en el lado opuesto. Esto a menudo lleva a pensar en un accidente cerebrovascular, que es mucho más agudo, mientras que un hematoma puede desarrollarse lentamente”, agregó.
En cuanto a los métodos de tratamiento tradicionales, el neurocirujano mencionó que existen varias opciones. El procedimiento neuroquirúrgico convencional implica hacer pequeños orificios en el cráneo para evacuar el hematoma y permitir el drenaje. Otra técnica reciente es la embolización de la arteria meníngea media, donde se inyectan partículas para bloquear los vasos que alimentan la membrana relacionada con el hematoma, buscando así estabilizarla y reducir el riesgo de recurrencias.
La innovación en la nueva técnica es utilizar esta arteria como acceso directo al espacio subdural. Primero, se lleva a cabo la embolización, luego se introduce un microcatéter para aspirar el hematoma, un procedimiento que busca combinar ambas técnicas en una sola intervención. Está dirigida a hematomas subagudos o crónicos, no a agudos.
El acceso al hematoma se realiza desde una arteria de la muñeca o la femoral, avanzando a través de los vasos sanguíneos hasta llegar a la arteria meníngea media. Utilizando imágenes en tiempo real, los médicos pueden navegar y realizar el procedimiento con precisión. Se estima que es posible evacuar entre el 70% y el 100% del contenido del hematoma.
Los resultados de este tratamiento han sido exitosos hasta el momento. Se han llevado a cabo estudios en colaboración con investigadores internacionales, logrando la autorización para el tratamiento de 25 pacientes, sin recurrencias ni reinternaciones tras un seguimiento de seis meses. Se requieren ahora estudios más amplios y multicéntricos para determinar con mayor certeza la eficacia de esta técnica y los pacientes que podrían beneficiarse más.












