En aquella ocasión, Orsanic logró llevar a un talentoso equipo a la final contra Croacia, compuesto por Juan Martín del Potro, Federico Delbonis, Guido Pella y Leonardo Mayer, aunque jugadores como Carlos Berlocq, Renzo Olivo y Juan Pico Mónaco también estuvieron presentes en las series anteriores. A continuación, se presenta la conversación con Orsanic.
-¿Qué recuerdos y emociones conserva a una década de aquel logro?
-Un inmenso orgullo, sin duda fue un momento histórico para el tenis argentino. Tuve el privilegio de formar parte de ese equipo y disfrutar de jugadores que dieron todo lo que tenían, mostrando una gran calidad. Fue algo singular y creo que el tenis argentino merecía esto, ser parte de ese éxito es un gran honor.
-¿Podría compararse su papel con el de Menotti, Bilardo o Scaloni en el fútbol?
-No, son deportes diferentes; el tenis es menos popular que el fútbol. Sin embargo, entre los capitanes mencionados, considero que la gesta de Lionel Scaloni se asemeja más a nuestro proceso por su estilo de trabajo, la forma de comunicar y el perfil del cuerpo técnico.
-En ese contexto, usted tuvo a su Messi…
¡Por supuesto! No hay ningún equipo en la historia de la Copa Davis que haya triunfado sin un crack, y nosotros no fuimos la excepción. Juan Martín del Potro, aunque no estaba en el top ten, sí tenía un nivel acorde. Ganó medallas en los Juegos Olímpicos y marcó una diferencia, ya que obtuvo partidos que otros jugadores del equipo no podían ganar. Según las estadísticas, Argentina tal vez tuvo el cuadro con el ranking más bajo de sus jugadores, pero el nivel de Juan Martín en 2016 era de top ten, y por eso logramos el título.
-Su desempeño fue notable, con partidos memorables como el que disputó contra Andy Murray.
Así es. Ese encuentro está entre los tres mejores de la historia argentina en la Copa Davis. Murray estaba en la senda de convertirse en número uno del mundo, pero en esta competencia de equipos, cada jugador tenía su responsabilidad. Juan Martín le ganó a Murray, y además Pella venció a Edmund y Mayer a Evans. Todos esos triunfos eran inesperados, dado que ellos eran favoritos por su ranking y localía, y cada uno del equipo hizo hazañas increíbles, como Fede Delbonis ganando dos partidos en la serie contra Italia y asegurando el título para nosotros. Si quitamos a cualquiera de esos jugadores de la gesta, no hubiéramos ganado.
-¿Cómo impactó jugar siempre como visitante?
Esa condición reduce un poco la responsabilidad y la presión. Aunque uno preferiría jugar en casa por el apoyo del público, poco a poco fuimos sintiendo el respaldo de la gente, y al final en cada lugar que íbamos nos sentíamos un poco locales. Es una costumbre sana de los argentinos apoyar y seguir a sus referentes de una manera inigualable, lo que sorprende al mundo. Esto otorga una energía inmensa a nuestros atletas.
-Al levantar la Ensaladera de Plata, ¿en quién pensó, algún referente o maestro?
Mis referentes como entrenador fueron Alejandro Gattiker y Jerry Wortelboer. Pero alza la copa, pensé en mis padres, ya que la forma en que enfrentamos esa oportunidad y cómo comunicamos las situaciones tiene mucho que ver con la educación que me brindaron. Sentí una gran satisfacción al confirmar que ese enfoque era posible, y que sus enseñanzas me ayudaron profesionalmente, lo que representó una doble alegría.
-No es casual que mencione a sus padres, dado que la final se disputó en Croacia…
Efectivamente, la última serie se llevó a cabo en el lugar donde mi padre vivió en su infancia. Este sentimiento creció al llegar a Zagreb. Era especial sentir mi conexión con la sangre croata. A medida que interactuaba más con mi cultura, me identificaba con la gente de Croacia y su trato amable. Sentirme parte de ellos fue algo único. Desde el pronunciar mi nombre correctamente hasta el reconocimiento en la ciudad, todo eso fue muy significativo.












