Palmer quería que sus restos se incorporaran a un arrecife y que, después de su muerte, la vida marina continuara alrededor. También había señalado qué especies esperaba encontrar allí: muchos pargos rojos y meros.
Poco después de expresar ese deseo, Palmer murió. Cuando el director de la funeraria le entregó las cenizas, Brawley recordó la petición de su suegro y decidió llevarla a cabo. De ese modo surgió Eternal Reefs, un proyecto que combina los homenajes funerarios con la creación de nuevos hábitats submarinos.
El 1 de mayo de 1998, cerca de Sarasota, en Florida, Estados Unidos, se moldearon 30 estructuras de arrecife artificial. Una de ellas contenía las cenizas de Palmer y se convirtió en el primer arrecife conmemorativo de Eternal Reefs. Al poco tiempo, las estructuras fueron depositadas en el fondo del mar.
La iniciativa se basó en una idea que Brawley y su socio, Todd Barber, habían empezado a desarrollar a fines de los años 80. Los dos estudiaron en la Universidad de Georgia y solían pasar sus vacaciones buceando en los Cayos de Florida. A medida que visitaban esos lugares, notaron el deterioro de los arrecifes y comenzaron a buscar formas de ayudar a recuperarlos.
La respuesta fueron las esferas arrecifales: estructuras de concreto concebidas para reproducir algunas condiciones de los arrecifes naturales. Su superficie irregular y sus cavidades favorecen el asentamiento de microorganismos y ofrecen refugio a distintas especies. Además, la composición del material fue pensada para que resulte compatible con el ambiente marino.
Con el paso del tiempo, la tecnología se adaptó para integrar restos cremados y transformar cada estructura en un memorial. La organización indica que sus arrecifes se colocan en zonas marinas autorizadas para ese uso y que el proceso requiere los permisos correspondientes.
Eternal Reefs ofrece a familiares y amigos la posibilidad de participar en la preparación de cada estructura. Pueden incorporar las cenizas al material, dejar la marca de sus manos en el concreto y añadir mensajes u objetos de valor sentimental, siempre que no impliquen un riesgo ambiental.
Cuando la estructura está lista, se celebra una ceremonia y luego se la transporta en barco hasta el sitio autorizado donde será sumergida. Las familias pueden acompañar la colocación y reciben las coordenadas que permiten ubicar el memorial en el mar.
Los arrecifes están concebidos para incorporarse al entorno y brindar superficies propicias para el desarrollo de la vida marina. La propuesta va más allá de esparcir cenizas en el agua: consiste en dejar una estructura duradera que pueda integrarse al ecosistema submarino.
Desde aquel primer homenaje, realizado en 1998, miles de personas eligieron esta opción para despedir a familiares y también a sus mascotas. Para algunas, es una forma de no conservar las cenizas en una urna; para otras, permite vincular el recuerdo de una persona con el cuidado del ambiente.
Jane, hija de Palmer y esposa de Brawley, expresó ese significado con una frase: “No es tanto que se hayan ido, sino más bien: mirá lo que están haciendo ahora”.
Así, el deseo final de un hombre que quería permanecer rodeado de peces se convirtió en una propuesta que reúne memoria y vida marina: un sitio de descanso que, al mismo tiempo, busca ofrecer refugio a otras especies.












