El fallecimiento de Tot resonó fuertemente en el entorno del automovilismo. La tragedia fue aún más dolorosa al considerar que solo 12 días después, Guido Falaschi, de 22 años, también perdió la vida en una carrera de TC en Balcarce. En ese contexto, Franco Colapinto comenzó su trayectoria en karting, y su madre, Andrea Trofimczuk, declaró que reconsideró permitirle correr en ese difícil ambiente.
La pérdida de su amigo a tan temprana edad dejó una huella indeleble en Varrone. Sin embargo, él siente que Ramiro ha estado presente en momentos cruciales de su vida. Ambos nacieron en el año 2000, separados por solo dos meses. La amistad entre ellos se consolidó en el karting, donde compartieron numerosas carreras. “Yo digo que es mi ángel, la verdad. Corríamos juntos. Lo conocí cuando pasamos a correr en la Pre Junior, éramos muy chicos, teníamos diez años. Después de las tandas, hablábamos sobre el circuito, que él lo estaba conociendo, porque nunca había corrido ahí”, recordó el piloto actual del equipo Van Amersfoort Racing en su camino hacia la Fórmula 1.
Divirtiéndose como cualquier niño, solían jugar en el Kartódromo de Ciudad Evita, y Varrone recuerda una anécdota en la que, durante una práctica en condiciones de lluvia, ambos terminaron chocando y se rieron después del incidente. Ambos eran acompañados por sus familias y mantenían una relación cercana. Después de una carrera donde terminó segundo, Tot le envió un mensaje a través de Facebook, justo antes de su trágico accidente.
La muerte de Ramiro impactó profundamente a Varrone. A pesar de este dolor, el joven continuó compitiendo, llevando siempre consigo la memoria de su amigo. “Uno no dimensiona. Tengo una conexión que no sé cómo explicar, pero él está presente todo el tiempo. Llevo su firma y su número, 37, en la parte trasera de mi casco, y lo llevo siempre en mis cascos”, compartió.
Curiosamente, el número 37 ha aparecido en momentos significativos de la carrera de Varrone. “Cuando gané en Spa-Francorchamps en la Fórmula 3 Británica, recuerdo que la habitación de hotel que me tocó era el número 37. A veces parece increíble, pero luego uno conecta los puntos y dice: ‘Esa carrera la gané’”, explicó.
Otra anécdota ocurrió en su tiempo en Endurance. Al prepararse para su turno durante las 24 Horas de Le Mans, se dio cuenta de que la hora de inicio de su stint era 18:37. Estas señales han llevado a Varrone a creer que la presencia de Ramiro ha sido vital en sus victorias. “Me doy cuenta de que siempre está conmigo. Es algo loco, pero lo siento así y creo firmemente que me ayuda a enfrentar mis desafíos”, afirmó.
Pese a las dificultades económicas impuestas por la pandemia, Varrone no se rindió. Con la ayuda de su manager en Europa, logró reinventarse en carreras de larga distancia, convirtiéndose en piloto oficial de General Motors y obteniendo el campeonato mundial en 2023 en la clase LMGTE Am, así como triunfos en las 24 Horas de Daytona y las 12 Horas de Sebring.
Su perseverancia lo ha llevado hasta las puertas de la Fórmula 1, donde en su primera temporada en la Fórmula 2 mostró un gran rendimiento, liderando carreras y culminando entre los primeros puestos en diversas competencias. Para Varrone, la presencia de Ramiro ha sido crucial: “Son cosas que me emocionan, y cuando veo esas señales, digo: ‘Está todo bien’, y al final sucede”.
Ambos amigos soñaron de niños con llegar a la Fórmula 1, y aunque el camino comenzó como un juego, hoy Nicolás Varrone está en la Fórmula 2, llevando siempre a su lado la memoria de su amigo.












