“Antes yo te decía, vos tenés que tener el colesterol por debajo de 200. Hoy tengo que calcular el riesgo con mi teléfono y ver qué hacer. Antes era esperar que aparecieran síntomas, hoy se actúa antes”, indicó el especialista.
El enfoque principal para el tratamiento se centra en el estilo de vida. “Primero hay que realizar un cambio de estilo de vida. Consume alimentos frescos, provenientes de la tierra y que crecen al sol; es decir, seguir una dieta mediterránea”, agregó.
Tartaglione también mencionó el uso de estatinas como parte del tratamiento, pero subrayó que “esto debe ser prescrito por un médico. Es crucial consultar con él y evaluar la situación. Si se presenta dolor en las piernas, se debe considerar cambiar el medicamento por otro, como el ácido bempedoico, además de unos nuevos tratamientos disponibles”.
“Para evitar riesgos, lo más importante es mantener una dieta saludable, un control de peso y dormir adecuadamente”, afirmó el profesional.
La complejidad del colesterol en el organismo llevó al médico a utilizar una metáfora para explicar su funcionamiento: “Imagina una arteria como una autopista. Sobre esa autopista circula un camioncito, que representa al colesterol bueno, que va recogiendo el colesterol de las paredes y llevándolo al hígado.
“Por otro lado, hay un camión malo que transporta el colesterol malo, que se deposita en las paredes de las arterias. Y después está un camión aún más dañino, con acoplado, que transporta mayores cantidades de colesterol LDL”, añadió.
La evaluación del riesgo también debe incluir el análisis de la lipoproteína A (LPA), especialmente en individuos con antecedentes familiares. “Si tienes un riesgo a 10 años, debes realizarte esta medición al menos una vez en la vida. La lipoproteína A tiene un componente genético. Si ese componente está elevado, debemos reducir significativamente el colesterol LDL”, explicó.
El cardiólogo dio detalles sobre los niveles de colesterol según el riesgo: “Si el riesgo es bajo o intermedio, el colesterol debe estar por debajo de 100. Si el riesgo es alto, debe estar por debajo de 70 y, en caso de haber sufrido un infarto o haber tenido un evento cardíaco, debe ser inferior a 55”.












