El camarero Sébastien L. declaró que Loïk Le Priol, el principal acusado en el juicio que se desarrolla en la Corte Penal de París, expresó: “voy a matarlo” momentos antes de que Aramburu fuera baleado, un testimonio que avanza el debate sobre la premeditación en el homicidio del ex rugbier argentino.
Este incidente tuvo lugar el 19 de marzo de 2022, cuando Aramburu, de 42 años, coincidió en el bar Mabillon con Le Priol y Romain Bouvier. Sébastien L., quien todavía trabaja en el establecimiento, indicó que Le Priol y Bouvier eran clientes asiduos y que alrededor de las 5 de la madrugada se encontraron con Aramburu y su amigo Shaun Hegarty. La confrontación se dio entre los ex jugadores y los activistas de extrema derecha.
El camarero, junto a otros empleados, intervino para separar a los implicados. En su testimonio, manifestó que sujetó a Aramburu, quien estaba muy agitado y había recibido varios golpes, explicando: “Quería pelear hasta el final”. Tras la pelea, Aramburu y Hegarty abandonaron el lugar luego de tomarse del brazo, mientras que Le Priol, Bouvier y la pareja del exsoldado, Lyson R., permanecieron en la terraza.
Sébastien L. describió cómo Le Priol estaba alterado y pronunció la amenaza que causó conmoción en la sala. El presidente del jurado le pidió que confirmara la autenticidad de su declaración y el testigo respondió: “Absolutamente. Dice: ‘Voy a matarlo’”. El camarero explicó que no reaccionó inmediatamente porque era tarde, los ánimos estaban caldeados y el acusado había consumido alcohol, argumentando que esa expresión se usa con frecuencia en situaciones de tensión. “Cuando me dice eso, no lo tomo en serio”, aseguró.
Minutos después de que Le Priol se marchara apurado, el camarero y sus compañeros escucharon disparos en el bulevar y al correr hacia el sonido se encontraron con Aramburu tendido en el suelo, víctima de varios balazos. “La frase se me quedó grabada porque después hubo una muerte”, insistió el testigo, al aclarar que no consideraba en ese momento que la amenaza se fuera a materializar.
La defensa cuestionó la validez de su testimonio, apuntando a que surgió más de un año tras los hechos, sugiriendo que puede estar influenciado por la atención mediática del caso. Sébastien L. rechazó haber estado al tanto de la causa y atribuyó su omisión inicial al cansancio posterior a una noche de trabajo. Un abogado de Le Priol lo interrogó sobre si habría actuado diferente si hubiera visto al acusado armado, a lo que el camarero contestó: “Por supuesto”.
Por su parte, Houcine O., ex portero de la discoteca Mabillon, afirmó haber visto a Le Priol usando un brazalete policial y armando su revólver, y también le atribuyó la frase “Voy a matarlo”. A ello, el juez le recordó que no había mencionado la amenaza en sus declaraciones iniciales; el fiscal también le pidió confirmación sobre la veracidad de su testimonio. “No inventé ese recuerdo”, contestó Houcine O., aunque admitió que podría ser una invención.
Testigos y medios han reconstruido que la discusión comenzó cuando Hegarty intercedió para pedirle a Le Priol que moderara sus palabras hacia un hombre que lo había recriminado. Aunque las cámaras de seguridad no tienen audio, captaron que Le Priol abofeteó levemente a Hegarty. Aramburu, que observó sin intervenir, se quedó en su mesa, mientras un guardia de seguridad le pidió a Le Priol que regresara a su sitio. Hegarty se alejó para fumar y Aramburu se levantó para abonar la cuenta. Cuando parecía que la tensión había disminuido, al salir de la terraza Aramburu tiró de la capucha del buzo de Le Priol, provocando su caída.
Esto desencadenó una pelea física fuera del bar. Varias personas intentaron intervenir y Le Priol lanzó los primeros golpes; inmediatemente se sumaron Bouvier y Hegarty, hasta que el personal del local logró separarlos en menos de un minuto. Aramburu y Hegarty se dirigieron hacia su hotel tras atender sus heridas. Pocos minutos después, fueron alcanzados en la vía pública, donde Aramburu fue mortalmente herido por cuatro disparos de Le Priol.
Hegarty relató: “El señor Le Priol le disparó y vació su cargador. Veo a Federico caer sobre los cubos de basura. Para que te des una idea de lo aturdido que estoy, pienso que tiene que levantarse para que podamos irnos a casa”. Cuando se acercó, Aramburu le pidió que llamara a la policía, afirmando que iba a morir. La desgarradora narración continuó: “Es entonces cuando me doy cuenta de lo que está pasando. Lo tomo en brazos, no sé qué hacer. Para mí, ya no está. Alguien viene rápidamente a ayudarme, pero sé que ya no está. La gente intenta reanimarlo, pero sé que ya no está…”
El juicio, que se lleva a cabo más de cuatro años después de la muerte del ex integrante de Los Pumas, se extenderá hasta el 25 de septiembre. Aramburu, quien era padre de tres hijos, cuenta con el respaldo de la Unión Argentina de Rugby en su búsqueda de justicia, con una campaña que también se hizo presente en un partido de rugby entre Los Pumas y Australia.












