Lievremont había descrito anteriormente al rugbier argentino como una persona honesta, generosa y tranquila, asegurando que la trágica noche alteró su vida para siempre. La reconstrucción del carácter de Aramburu, quien tenía 42 años al momento de su fallecimiento, se convirtió en el foco central de la audiencia.
Según informaron diversos medios, varios testigos presentaron al deportista como un individuo propenso a resolver disputas y evitar conflictos. Una investigadora mencionada en el tribunal destacó que las investigaciones retrataron al exintegrante del seleccionado argentino como una persona respetuosa, dinámica y atenta con su entorno.
La recreación del ataque estableció que se dispararon seis balas en un lapso de 45 segundos, siendo los últimos cuatro tiros efectuados en solo cuatro segundos. Aramburu fue impactado en la parte frontal del cuerpo, afectando el muslo derecho y las costillas izquierdas, además de recibir otros cuatro disparos en la espalda, incluyendo uno que le afectó la columna vertebral.
Los testigos que declararon poco después del crimen coincidieron en observar a un individuo disparando contra otro con el brazo extendido. El comisario Maximilien Gruselle, a cargo de la investigación, indicó que el cuerpo del ex rugbier estaba cubierto por un biombo visual al momento de su llegada al lugar de los hechos.
La médica forense certificó que dos disparos realizados por Le Priol hirieron a Aramburu por la espalda, ocasionándole lesiones incompatibles con la vida. Los acusados enfrentan la posibilidad de condena a reclusión perpetua, y se espera el veredicto para el 25 de septiembre. Ambos niegan haber actuado con premeditación e intentan justificar su accionar como legítima defensa tras un altercado en una terraza de un restaurante.
La trayectoria de los proyectiles que llevaron a la muerte de Aramburu fue de atrás hacia adelante, fracturando su columna vertebral y alcanzando el hígado, los riñones y un pulmón. La forense explicó que tales lesiones provocaron una hemorragia masiva y fallo cardíaco casi inmediato, según informes.
Bouvier, de 35 años, disparó cuatro veces antes que Le Priol, afectando a Aramburu pero no provocándole heridas letales. Un investigador de la Brigada Criminal de la Policía Judicial de París había calificado el crimen como una “ejecución” un día antes del testimonio de la forense.
María Aramburu, esposa y madre de tres hijos (Trinidad, Justina y Santiago), comentó que desde el homicidio recibe atención psicológica. Al enterarse de la muerte de su marido experimentó falta de aire, palpitaciones, ataques de llanto, angustia y problemas para alimentarse normalmente durante varios meses.
La madre de Aramburu, Cecilia, compareció como parte civil y recordó la mañana en que su esposo le comunicó la trágica noticia. Él había recibido una llamada de un amigo preguntando sobre su hijo, y tras comprender la gravedad de la situación, contactó a María, quien le confirmó el fallecimiento. Relató que su marido la despertó dulcemente para no interrumpir el sueño de una nieta presente. Al principio, pensó que traía buenas noticias por la expresión de su rostro, pero al salir de la habitación, comprendió la realidad.
“Entiendo que este es el lugar, el momento y el sitio para hablar de Federico. Pero para nosotros es muy difícil no decir en voz alta que este crimen no debería haber ocurrido, que podría haberse evitado”, manifestó Cecilia, con la voz entrecortada.
Sostuvo que su hijo se encontró con individuos que se presentaron “con violencia, odio y armas”, mientras los acusados escuchaban con la cabeza baja. Ella instó a los imputados a comprender la gravedad de sus acciones antes de reintegrarse a la sociedad, afirmando que representan un peligro para otros mientras no comprendan las consecuencias de sus actos.
“El médico me recetó medicamentos para poder asistir al funeral, no entendía nada”, recordó ante el tribunal, reflejando la confusión de su familia tras el asesinato.
“Encarnaba la bondad en estado puro, era alguien fiable, tranquilo, generoso y respetuoso”, declaró Lievremont. “Daba felicidad a la gente, facilitaba la vida. Nunca conocí a nadie así”. Detalló que la noche del 19 de marzo de 2022 cambió su vida y que aún no comprende por qué su amigo falleció. “Desde entonces, la vida no ha sido la misma”, afirmó.
Gonzalo Quesada, actual entrenador de Italia y amigo cercano de Aramburu, lloró durante su declaración. Lo definió como un hombre “humano, alegre, generoso, fiel y leal”, asegurando que nunca lo vio perder el control en las numerosas ocasiones que compartieron.
Quesada hizo referencia a las imágenes del homicidio difundidas, aunque enfatizó que no estuvo presente. Interpretó que Aramburu reaccionó tirando de la capucha a Le Priol en defensa de Shaun Hegarty, quien se encontraba en una mesa cercana. “Desde que ingresé al Biarritz Olympique, nos convertimos en hermanos. Cuando supe cuántos amigos tenía…”, dijo el ex jugador de Los Pumas, antes de pausar por la emoción.
Un osteópata que trabajó con Biarritz Olympique compartió que conoció a Aramburu al llegar al club y que su contextura física lo llevaba frecuentemente a la enfermería. Su relación se transformó en amistad gracias a su pasión compartida por el vino.
Recordó una ocasión en una ganadería de toros en la Camarga, donde un toro se escapó y corrió hacia él. Mientras otros se mantenían quietos, Aramburu intervino para evitar que sufriera lesiones graves.
Una ex profesora de francés del País Vasco destacó que Aramburu y Hegarty deseaban continuar sus estudios mientras jugaban en Biarritz, con miras a su vida posterior al deporte. Definió al argentino como un estudiante aplicado y agradecido por la ayuda que recibía.
Los testimonios recogidos durante la investigación de personalidad lo caracterizan como alguien dinámico, atento, respetuoso y generoso, quien intentaba desescalar conflictos en lugar de intensificarlos. Una de las personas consultadas sintetizó esta imagen con una frase contundente: “No existe un Fede malo”.
La investigación indica que los acusados localizaron a Aramburu y Hegarty al salir de un hotel, y que el ataque ocurrió menos de un minuto después de una pelea iniciada en el bar Mabillon de París, tras una “pequeña bofetada” de Le Priol a Hegarty. Aramburu reaccionó tirando de la capucha a Le Priol, y la pelea posterior culminó en los disparos que causaron la muerte del ex Puma.












