Este procedimiento permite lograr una superficie con ligeras irregularidades, emulando la estética rústica de la piedra natural. Se presenta como una alternativa sencilla para transformar la apariencia de patios, senderos o incluso pisos al aire libre.
La razón por la cual este truco ofrece un acabado semejante al de la piedra natural radica en que cada cristal de sal temporalmente ocupa un pequeño espacio dentro del cemento fresco. Al disolverse o retirarse, estos espacios se convierten en pequeñas cavidades en la superficie.
La distribución aleatoria de los cristales genera una terminación con textura y relieve, lo que permite que el resultado final se asemeje a ciertos tipos de piedra.
La clave para su correcta aplicación reside en el momento adecuado. Si se agrega sal cuando el cemento aún está demasiado líquido, los cristales pueden hundirse de manera excesiva. Por otro lado, si se espera demasiado, la superficie podría endurecerse y la sal no se incrustará correctamente.
El cemento debe estar fresco y ya aplicado en la superficie. El procedimiento es sencillo:
Una vez que los granos de sal gruesa se disipan, quedan pequeños huecos distribuidos de forma irregular, los cuales transforman la superficie, dándole una apariencia similar a la piedra natural.
Este tipo de acabado es recomendable para espacios exteriores donde se desee una terminación rústica y texturada. Algunas superficies adecuadas para su aplicación incluyen:
Es importante tener en cuenta que factores como la temperatura, la humedad y las condiciones ambientales afectan el tiempo de fraguado, lo que podría influir en el resultado final.












