La Asamblea del Nobel indicó que Deisseroth se desempeña en la Universidad de Stanford, en California; Hegemann en la Universidad Humboldt de Berlín; y Nagel en la Universidad de Würzburg, en Alemania. Thomas Perlmann, secretario del comité de medicina, comunicó a los premiados la noticia a través de una llamada telefónica.
El premio, que se anunció en el Instituto Karolinska de Estocolmo, es el primero de la semana de los Nobel y está valorado en 12 millones de coronas suecas (aproximadamente 1,2 millones de dólares). En la edición anterior, el galardón fue otorgado a tres científicos por sus investigaciones sobre el sistema inmune.
El comité Nobel destacó los logros de los tres investigadores y resaltó en su cuenta de X que el método que desarrollaron “ahora se usa en laboratorios de todo el mundo para revelar los misterios del cerebro”. Asimismo, subrayaron que estos científicos “sentaron las bases de una nueva era en la neurociencia” y que, gracias a la optogenética, han logrado “revelar circuitos neuronales que regulan recuerdos, emociones y comportamientos relevantes para trastornos neurológicos y psiquiátricos”. También señalaron que “en medicina clínica, los investigadores utilizan este método en intentos por restaurar la visión en personas con discapacidad visual”.
Se destacó que “la optogenética transformó radicalmente la comprensión del cerebro” y que “cada día se generan nuevos descubrimientos que ayudan a desentrañar uno de los grandes enigmas de la humanidad: cómo funciona el cerebro”.
A inicios de la década, Hegemann y Nagel identificaron la canalrodopsina, una proteína de algas que presenta propiedades únicas en la superficie celular. Cuando se expone a luz azul, esta proteína permite la apertura de un canal, lo que a su vez permite que iones cargados ingresen a la célula, generando un impulso eléctrico.
Hegemann se cuestionaba cómo el alga unicelular Chlamydomonas es capaz de nadar hacia una fuente de luz. Hegemann y Nagel descubrieron que, al introducir la proteína en diversas células, estas se volvían sensibles a la luz. Por su parte, Deisseroth convirtió la proteína canalrodopsina en un interruptor controlado por luz para células nerviosas. Introdujo el gen de esta proteína en neuronas de ratas, y al iluminar dichas células con luz azul, logró inducir una señal nerviosa, un avance que documentó en 2005. Dos años después, logró que este interruptor basado en luz funcionara en los cerebros de ratones vivos.












