Durante la noche, la ropa de cama puede acumular sudor, células muertas de la piel y humedad, condiciones que favorecen la proliferación de ácaros del polvo y la acumulación de alérgenos, lo cual puede desencadenar síntomas en individuos sensibles.
Por esta razón, los expertos sugieren lavar la ropa de cama de manera regular. La frecuencia y las condiciones del lavado son especialmente relevantes en hogares donde habitan personas alérgicas a estos organismos. Cambiar las sábanas cada siete días es una recomendación común, aunque esta puede variar de acuerdo a las circunstancias de cada hogar. Para quienes sufren alergia a los ácaros del polvo, un lavado más frecuente es fundamental para disminuir la presencia de estos y sus alérgenos en la ropa de cama.
Una revisión publicada en 2002 en una revista especializada en medicina familiar sugirió lavar las sábanas cada una o dos semanas en agua caliente, como parte de las estrategias de control de los ácaros. Esta recomendación de una frecuencia semanal también aparece en otras guías especializadas para reducir la exposición a alérgenos.
Asimismo, la temperatura del agua utilizada durante el lavado puede influir en la efectividad para eliminar ácaros y alérgenos. Un estudio realizado en 2008 analizó diferentes programas de lavado a 30 °C, 40 °C y 60 °C, junto con un tratamiento de vapor. Los hallazgos revelaron variaciones en la supervivencia de los ácaros; sin embargo, estos resultados son específicos del estudio y no garantizan que lavados domésticos a esas temperaturas produzcan los mismos efectos. Además, es posible que el lavado elimine una parte de los alérgenos sin eliminar todos los ácaros.
Antes de elegir un programa de lavado, es esencial verificar la etiqueta de las sábanas para evitar daños en el tejido y seguir las instrucciones del fabricante.
Una recomendación frecuente es dejar la cama destapada por un tiempo después de levantarse, en lugar de hacer la cama de inmediato. Esto permite que la humedad acumulada durante la noche se disipe. Sin embargo, esta práctica no asegura la eliminación de los ácaros, que pueden persistir en el colchón, las almohadas y otros textiles del dormitorio. Así, airear la cama favorece la ventilación, pero no sustituye la necesidad de lavar regularmente las sábanas ni de seguir otras medidas para controlar alérgenos.
Cabe señalar que los ácaros no son los únicos organismos que pueden hallarse en la ropa de cama. Las almohadas también pueden acumular hongos y otros microorganismos a lo largo del tiempo. No obstante, la presencia de estos microorganismos no implica necesariamente un riesgo inmediato para la salud; el tipo de organismo, su cantidad y las condiciones de exposición son factores relevantes a considerar.
Para garantizar una buena higiene, es recomendable lavar las sábanas y las fundas de las almohadas con regularidad, limpiar las superficies del dormitorio y cumplir con las recomendaciones de cuidado de cada producto.












