El árbitro noruego Espen Eskas había indicado diez minutos de adición, pero el partido se extendió hasta los 108. Durante ese tiempo, el juego experimentó numerosos cambios. A los 93 minutos, Gonçalo Ramos, quien había ingresado poco antes en sustitución de Cristiano Ronaldo, cabeceó un centro de Rafael Leão y marcó el 2-1 que parecía asegurar la clasificación para Portugal.
Sin embargo, aún quedaba lugar para más sorpresas. A los 102 minutos (90+12), Josko Gvardiol apareció inesperadamente para empujar el balón a la red, desatando el júbilo croata. La celebración fue efímera, ya que el VAR revisó la acción y determinó que un toque previo de Igor Matanović dejó a Gvardiol en posición de fuera de juego. Así, el tanto fue anulado y Portugal respiró aliviado.
La tecnología jugó un papel crucial. En este Mundial 2026, el juego se apoya en un sistema que no depende únicamente del juicio humano. La pelota incorpora un chip que permite verificar si ha sido tocada. Este mecanismo reveló que un jugador croata había tenido contacto con el balón antes de la asistencia final, lo que llevó a la posición de fuera de juego y, como consecuencia, invalidó el empate.
Durante el primer tiempo, Portugal mostró un claro dominio, aunque la efectividad estuvo del lado croata. En una de sus primeras llegadas, Ivan Perišić sorprendió a la defensa y adelantó al equipo balcánico.
Después del gol inicial, el VAR se convirtió en el protagonista. A los 68 minutos, Eskas fue llamado a revisar una acción en el área donde Nikola Vlasic cometió falta sobre Renato Veiga. Tras observar la jugada, decidió sancionar un penal para Portugal, que Cristiano Ronaldo convirtió para establecer el 1-1. El capitán portugués también había anotado previamente, aunque ese tanto fue anulado tras una revisión por un fuera de juego muy ajustado. E incluso, Croacia había visto otro gol invalidado por la misma razón en un segundo tiempo donde cada celebración fue puesta a prueba.
El último festejo croata también resultó efímero. Cuando parecía que habían igualado en la última jugada, la tecnología nuevamente corrigió el rumbo del encuentro. De esta manera, terminó una noche en la que cada emoción parecía requerir la intervención del VAR para validarse. El partido fue un vaivén constante en el que el control se trasladó de un equipo a otro.
Posteriormente, las voces croatas reflejaron la controversia. “Le pregunté al árbitro qué había visto al final, y me respondió que el sensor había indicado que Matanović había tocado el balón. No estoy seguro de lo que ocurrió”, expresó Martin Baturina.
Igor Matanović, por su parte, aportó sinceridad a la situación, minimizando el reproche. “Sinceramente, creo que sentí un ligero contacto. Le pregunté al árbitro y no estaba seguro de haber tocado. Me comentó que había un toque sutil y que era fuera de juego”, señaló.
“No tengo nada que objetar, lo lamento; fuimos mejores, sobre todo en la segunda parte. Al final, el VAR nos anuló tres goles, y hubo muchísima tensión. No tengo nada que reprochar a los chicos”, fueron las reflexiones iniciales del entrenador Zlatko Dalic.












