Lograr el grado de inversión implicaría que Argentina se presente como un destino más seguro para los inversores internacionales, lo que expandiría considerablemente la base de potenciales inversores y facilitaría el acceso a financiamiento en condiciones más favorables.
“Es un objetivo nuestro, no una promesa ya que no depende completamente de nosotros. Sin embargo, consideramos que es alcanzable”, expresó el funcionario.
El grado de inversión es una calificación que otorgan las agencias de riesgo -como Moody’s, S&P Global Ratings y Fitch Ratings- a la deuda de los países. Para ser clasificado como “Investment Grade”, un país debe obtener al menos una calificación de BBB- o superior según S&P y Fitch, o Baa3 o más en el caso de Moody’s. Las clasificaciones inferiores son consideradas especulativas o “bonos basura”, lo que indica un mayor riesgo para los interesados en invertir.
Actualmente, Argentina está lejos de esa meta. Moody’s la califica en Caa1 desde julio de 2025, mientras que Fitch y S&P la situaron en B- en mayo y junio, respectivamente. Todas estas evaluaciones pertenecen a la categoría de “high yield” o especulativa, distante del BBB-/Baa3 que representa el límite para el grado de inversión.
Caputo indicó que su equipo ya se encuentra en conversaciones con las tres agencias de calificación más prominentes del mundo acerca de este objetivo. “Dos de ellas nos han señalado que es alcanzable, aunque complejo, y nos brindaron las métricas necesarias para alcanzar el investment grade”, reveló el Ministro de Economía. A su juicio, el cumplimiento de dichos criterios podría concretarse hacia 2031, al final del próximo mandato presidencial.
Analistas de PPI consideraron que esta meta es ambiciosa, aunque existen antecedentes. En el caso de S&P Global Ratings y Fitch Ratings, el grado de inversión inicia en BBB-, lo que implica que Argentina está aún seis escalones por debajo de esa marca. A modo de referencia, mencionaron el caso de Perú, que tras descender a grado especulativo en 1999, tardó nueve años en recuperar el investment grade en 2008.
“El grado de inversión representa una especie de sello que indica que un país es confiable y creíble, y al que queremos aspirar”, afirmó Caputo.
Uno de los beneficios más destacados de alcanzar esta calificación es que permitiría acceso a un abanico mucho más amplio de inversores. Muchos fondos de pensión, aseguradoras y fondos institucionales tienen restricciones que les impiden invertir en deuda que no posea esta calificación. Superar este umbral podría atraer capitales hacia bonos y activos argentinos.
El ministro expuso además una visión sobre el círculo virtuoso que, a su parecer, podría generarse con esta calificación: mayor estabilidad macroeconómica, inflación alineada con estándares internacionales, estabilidad cambiaria, incremento de inversiones, generación de empleo y mejoras en productividad. “El impacto beneficiará a todos los argentinos”, aseguró.
Adicionalmente, un mejor rating usualmente resulta en tasas de interés más bajas para financiamiento, tanto para el gobierno como para las empresas. Las agencias han proporcionado al equipo económico una hoja de ruta con métricas específicas para alcanzar su objetivo y lograr la calificación de grado de inversión.
Los analistas coinciden en varios puntos fundamentales, como el deber de consolidar la eliminación de controles cambiarios, mantener una inflación baja y estable, acumular reservas internacionales, asegurar un superávit fiscal sostenido y reducir la proporción de la deuda pública respecto al Producto Bruto Interno (PBI).












