El escenario está marcado por el aumento de las precipitaciones y por la elevada disponibilidad de agua en los suelos. En Bolívar, el promedio anual habría pasado de unos 850 milímetros a cerca de 910, mientras que en Carlos Casares evolucionó desde valores de entre 880 y 920 milímetros hasta registros de entre 1.000 y 1.050. La combinación de reservas de humedad y napas próximas a la superficie eleva el riesgo de anegamientos ante nuevas lluvias.
En Bolívar, esta situación comenzó a modificar las decisiones de inversión. Los productores reducen el desembolso destinado a tierras con mayor riesgo de inundación y, en los lotes donde lograron avanzar con la siembra, también disminuyen la tecnología aplicada ante la incertidumbre sobre las posibilidades de completar la cosecha.
A la situación climática se suma el impacto económico de las inundaciones registradas durante 2025. En ese contexto, la menor rentabilidad esperada lleva a los productores a asumir menos riesgos. Para la campaña 2026/27 se estima además una caída de entre 40% y 50% en la superficie destinada a trigo y cebada en Bolívar, mientras que alrededor del 60% del maíz todavía permanece sin cosechar.
Los contratos de arrendamiento también comenzaron a modificarse. Frente a la incertidumbre, los acuerdos a porcentaje ganan espacio frente a los alquileres a monto fijo, lo que permite distribuir entre propietarios y arrendatarios tanto los riesgos como los resultados de la actividad.
Para la campaña gruesa, el girasol aparece como una de las principales alternativas en Bolívar y se prevé un aumento de su participación en la superficie sembrada.
En Carlos Casares, el escenario podría favorecer al maíz por sobre la soja si se consolida un período de lluvias particularmente intenso. La disponibilidad actual de agua hace prever que los sectores bajos sean los primeros en quedar anegados, por lo que las tareas agrícolas podrían concentrarse inicialmente en las zonas más elevadas.
El riesgo también alcanza a las medias lomas, donde un exceso de agua podría afectar especialmente a la soja. Las características de la cosecha de este cultivo hacen que los lotes anegados presenten mayores dificultades, mientras que el maíz ofrece mayores posibilidades de recolección en condiciones de exceso de agua.
La superficie de trigo y cebada también registraría una fuerte reducción en Carlos Casares. Frente a una superficie habitual de unas 20.000 hectáreas de trigo y entre 5.000 y 6.000 de cebada, para la campaña 2026/27 se proyectan apenas entre 2.000 y 3.000 hectáreas entre ambos cultivos.
Algunos productores aprovecharon una ventana limitada de condiciones favorables para sembrar, en particular ante la necesidad de generar ingresos durante diciembre y hacer frente a compromisos financieros.
En General Pueyrredón, en cambio, no se observa una reducción tan marcada de la superficie sembrada, aunque sí cambios en la elección de cultivos y demoras en las tareas. Las condiciones del suelo redujeron el tiempo disponible para realizar las labores y obligaron a modificar planes previamente establecidos.
En esa zona, la estrategia apunta a concentrar una mayor inversión tecnológica en los lotes agrícolas con mejores condiciones y destinar a la ganadería las áreas con mayores dificultades. El objetivo es mejorar el rendimiento potencial de las superficies que pueden sostener una producción agrícola eficiente.
La campaña anterior, sin embargo, continúa condicionando las decisiones. En General Pueyrredón todavía queda cerca del 5% de la soja y más del 60% del maíz sin cosechar. Las lluvias frecuentes, la elevada humedad, la falta de viento y las pocas heladas dificultaron el secado de los lotes y de los granos.
El escenario climático previsto para los próximos meses, combinado con el exceso de humedad acumulado y las dificultades financieras de parte de los productores, llevó así a revisar decisiones de inversión, elección de cultivos, uso de tecnología y modalidades de arrendamiento para la campaña 2026/27.












