En la Cuenca Pérmica de Texas, en cambio, la misma operación tiene un costo cercano a US$60 por tonelada hasta el pozo. La diferencia entre ambos mercados no estaría relacionada con la calidad de la arena ni con su procesamiento, sino con la distancia y la estructura logística y tributaria.
Vaca Muerta atraviesa un período de fuerte expansión. En junio de 2026, la producción argentina de petróleo alcanzó un récord de 914.900 barriles diarios y la formación neuquina concentró buena parte de ese crecimiento. El petróleo no convencional representa actualmente el 70% de la producción acumulada durante el año.
En los últimos doce meses, la cuenca incorporó 157.486 barriles diarios de producción, un volumen superior al total que producía Vaca Muerta en 2018. Una estimación de mercado proyecta además que Argentina podría alcanzar en 2026 una participación del 1% de la producción mundial de petróleo.
A este crecimiento se suma una nueva estimación sobre el potencial de la formación. Un estudio presentado por la Secretaría de Energía del Ministerio de Economía, elaborado por el Instituto Argentino del Petróleo y del Gas, calculó en 30.170 millones de barriles los recursos técnicamente recuperables de Vaca Muerta. La cifra es un 89% superior a la estimación de 16.220 millones de barriles realizada por la Agencia de Información de Energía de Estados Unidos en 2013.
El incremento de la producción responde a distintos avances técnicos y uno de ellos está directamente relacionado con la disponibilidad de arena. La fractura hidráulica, utilizada para liberar el petróleo y el gas atrapados en la roca, requiere inyectar agua a alta presión para generar fisuras. Luego se incorpora un agente de sostén que mantiene esas fracturas abiertas durante la vida productiva del pozo.
La arena cumple esa función y representa un insumo fundamental para el proceso. Cada etapa de fractura requiere entre 200 y 250 toneladas, mientras que un pozo completo demanda entre 12.500 y 13.000 toneladas.
Un análisis especializado sobre la cadena de abastecimiento sostiene que el agente de sostén dejó de ser solamente un insumo de compra y pasó a ser una variable vinculada con el aprovechamiento efectivo de los recursos de la formación. Si las vías de conducción generadas mediante la fractura se bloquean, parte del petróleo puede quedar atrapado de manera definitiva en la roca.
La calidad de la arena utilizada también incide sobre el volumen recuperable. Un estudio comparativo citado en el análisis señala que los pozos completados con arena de menor calidad, extraída en zonas cercanas de Río Negro y Neuquén, podrían perder al menos un 20% de las reservas recuperables.
Si ese porcentaje se aplicara sobre los 30.170 millones de barriles estimados como técnicamente recuperables y se considerara que la arena de cercanía representó el 40% del suministro de la cuenca entre 2019 y 2024, el volumen potencialmente comprometido alcanzaría 2.414 millones de barriles. A un precio de referencia de US$60 por barril, equivaldría a unos US$144.800 millones.
El costo de la arena en el pozo también muestra una fuerte incidencia logística. El insumo representa aproximadamente el 15% del precio final, mientras que el transporte explica más del 70%. En el punto de extracción, el productor enfrenta un costo directo de unos US$16 por tonelada y vende el material a US$22, con un margen bruto de US$6.
Sobre ese margen impactan distintos tributos. Entre ellos se encuentra la guía de tránsito de minerales de Entre Ríos, que se actualiza a $2.250 por tonelada, equivalente a unos US$1,5. También se suman el canon de extracción, tasas municipales e Ingresos Brutos, un impuesto calculado sobre la facturación y no sobre el valor agregado.
La estructura tributaria genera además varias instancias de facturación antes de que la arena llegue al pozo, lo que incrementa el costo acumulado. Según el análisis, la carga impositiva puede alcanzar hasta US$5 por tonelada y llegar a absorber por completo el margen de la actividad extractiva.
La comparación con la Cuenca Pérmica permite dimensionar la diferencia. Allí, la arena en boca de mina se comercializa a unos US$30 por tonelada y el traslado hasta el pozo, ubicado a entre 48 y 160 kilómetros, suma entre US$20 y US$30. El costo final se ubica así alrededor de los US$60.
La arena extraída en Ibicuy presenta un 86% de cuarzo, con granos redondeados y bien seleccionados, características comparables con las de la arena utilizada en la región estadounidense. Por eso, la diferencia de precio estaría asociada principalmente con la distancia entre las zonas de extracción y producción y con la estructura fiscal involucrada.
En Estados Unidos, los problemas de tránsito pesado en rutas rurales llevaron a implementar alternativas de transporte de larga distancia. En enero de 2025 comenzó a operar una cinta transportadora destinada a trasladar arena sin recurrir exclusivamente a camiones.
Para 2026, Vaca Muerta demandaría alrededor de 8 millones de toneladas de arena y las proyecciones elevan ese volumen a unos 12 millones para 2030. Ese nivel de actividad implicaría el movimiento de aproximadamente 685 camiones diarios, cifra que podría superar los 1.000 hacia el final de la década.
El flujo no sería uniforme durante todo el año. Las operaciones de fractura simultánea pueden requerir entre 40.000 y 50.000 toneladas de arena por locación en períodos de unos 25 días. Para un solo conjunto de pozos, eso implica entre 50 y 60 camiones diarios, multiplicados por la cantidad de equipos que estén operando.
Mientras la demanda crece, la capacidad actual de procesamiento se ubica entre 6,5 y 7 millones de toneladas anuales, considerando las plantas de lavado instaladas en las zonas de extracción. La diferencia entre capacidad y demanda ya se observa durante este año y podría profundizarse en 2027, cuando se espera una actividad logística más continua.
El eslabón que deberá ampliar su capacidad es el de extracción y procesamiento de arena, que se caracteriza por estar más fragmentado que otros sectores de la cadena. Según el análisis, las empresas del segmento trabajan con márgenes brutos de entre US$4 y US$6 por tonelada antes de impuestos, de los que deben surgir los recursos para financiar canteras, plantas de lavado, almacenamiento y transporte.
La combinación entre márgenes reducidos, presión fiscal y mayores necesidades de inversión plantea un desafío para abastecer el crecimiento de Vaca Muerta. Si la capacidad de procesamiento no acompaña el aumento de la demanda, el precio de la arena puede seguir subiendo y trasladar mayores costos a las operaciones petroleras.












