La empresa había sido fundada en abril de 1997 por la familia Karnoubi y llegó a tener ocho sucursales distribuidas en las principales avenidas comerciales y centros de compras de la Capital Federal. En 2016 incorporó una plataforma de comercio electrónico, que actualmente se encuentra inhabilitada.
El último establecimiento funcionó hasta el sábado pasado, cuando la cadena puso fin a sus operaciones. La empresa anunció la liquidación de sus productos a través de sus redes sociales, aunque no informó públicamente los motivos específicos del cierre.
El caso se produce mientras el sector atraviesa una reducción de las ventas y un incremento de la participación de los productos importados. Más del 90% de las importaciones de juguetes provienen de China, de acuerdo con los datos mencionados por la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ).
Desde el sector señalaron que el consumo de juguetes acumula una caída cercana al 20% interanual, con un retroceso del 10% durante el primer semestre. Las promociones permitieron sostener parte de las operaciones, aunque el comportamiento varía según el tipo de producto.
Los artículos de menor precio, entre ellos los juguetes didácticos, muestran una mayor resistencia, mientras que los productos asociados a licencias de marcas reconocidas registran mayores dificultades.
La situación también alcanza a la industria. Las fábricas están trabajando actualmente a alrededor del 30% de su capacidad y durante los últimos dos años se produjeron más de 300 cierres definitivos. Al mismo tiempo, aumentó la cantidad de empresas que trasladaron parte de sus ventas al canal digital.
La actividad presenta además una fuerte estacionalidad. La mayor parte de las operaciones se concentra en las campañas de Navidad y Reyes, por lo que el comportamiento de las ventas durante esos períodos resulta determinante para el sector.
Entre los factores que generan preocupación aparece también el régimen de compras puerta a puerta. El sistema permite recibir envíos sin aranceles hasta un límite de US$400 y contempla hasta cinco envíos anuales por persona.
Desde la industria cuestionan el impacto de este mecanismo sobre las jugueterías y los importadores, que deben afrontar obligaciones fiscales y otros costos. Si bien el régimen no afecta directamente a los fabricantes nacionales, desde el sector consideran que puede generar una presión indirecta sobre el mercado.
Los datos de comercio exterior muestran que durante 2025 las importaciones de juguetes alcanzaron los US$114,5 millones, equivalentes a 22,6 millones de kilos netos, con un valor promedio de US$5 por kilo.
Durante el primer semestre de 2026, en tanto, las compras externas sumaron US$37,8 millones y 7,2 millones de kilos. En comparación con el mismo período del año anterior, esto representó una baja del 13,8% en valor y del 11,8% en volumen.
Pese a la reducción de las importaciones, el número de operadores creció. En los primeros seis meses del año se contabilizaron 411 importadores de juguetes, de los cuales 132 ingresaron por primera vez a ese mercado. Esos nuevos operadores representaron el 32% del total.
El sector también enfrenta otros factores que condicionan su actividad, entre ellos la disminución de la natalidad y el mayor uso de dispositivos electrónicos, que reduce el tiempo destinado al juego físico. A esto se suman los costos tributarios, las tarifas de servicios, los alquileres, el contrabando y la competencia de las ventas por internet y de los comercios informales.
El cierre de Tío Mario se suma así a un escenario de transformación para las jugueterías, con menor consumo, cambios en los hábitos de compra y una creciente participación de los productos importados en el mercado local.












