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Los bonos estadounidenses muestran un mejor rendimiento y su impacto se evalúa en activos argentinos

30 septiembre, 2026
in Sociedad
Los bonos estadounidenses muestran un mejor rendimiento y su impacto se evalúa en activos argentinos
El mercado está ajustando sus expectativas ante un aumento proyectado en las tasas de interés en Estados Unidos, con algunos analistas anticipando que el rendimiento de los bonos a 10 años podría acercarse al 6 por ciento. Esto plantea interrogantes sobre las repercusiones de un escenario de tasas más elevadas y las estrategias que los analistas sugieren para las inversiones en dólares.

Wall Street ha comenzado a elevar sus pronósticos para los bonos a largo plazo de Estados Unidos. Recientemente, Bank of America ajustó su objetivo para los Treasury a 10 años, pasando del 4,5% al 5%, mientras que Goldman Sachs lo revisó de 4,4% a 4,75% y J.P. Morgan lo posicionó en 5,05%. Por su parte, el fondo de inversión KKR elevó su proyección a 5,1%, en contraste con ING, que anticipa una zona de 5,25% a 5,50% y advierte sobre la posibilidad de alcanzar el 6%.

Este aumento refleja una expectativa de tasas sostenidas en niveles más altos por un periodo prolongado y pone nuevamente sobre la mesa escenarios aún más complejos para la curva de rendimiento a largo plazo. Con el rendimiento del Treasury a 10 años alcanzando el 5,2%, la proyección del 6% se convierte en una barrera cada vez más probable.

ING ha señalado este nivel de rendimiento como un potencial riesgo para el mercado, mientras que Ben Emons, fundador de FedWatch, proyecta que podría alcanzarse en enero de 2027. Los analistas del mismo banco advierten que la presión sobre las tasas de interés a largo plazo continuará aumentando hasta que se implementen medidas, como nuevos aumentos en las tasas o una mejor disciplina fiscal, o hasta que surja un evento disruptivo.

“Si el aumento en las tasas a largo plazo se debiera únicamente a una mejora en los tipos reales impulsada por la productividad de la inteligencia artificial, no habría razones para temer un efecto negativo significativo en los activos de riesgo. Sin embargo, si esto responde a presiones más amplias relacionadas con emisiones de deuda y preocupaciones por la inflación, hay motivos para estar inquietos”, afirmaron.

ING también recuerda que el último momento en que el rendimiento del bono estadounidense a 10 años sobresalió en el 6% fue en el año 2000, cuando el rendimiento real se encontraba en el 4%. “Hemos transitado por esto anteriormente, por lo que no necesariamente tendría que ser catastrófico. Sin embargo, la delicada situación de la deuda podría complicar las cosas. Esta dinámica podría cambiar con una moderación de la inflación y una futura baja en las tasas, pero por ahora, enfrentamos un alto riesgo que podría complicar el panorama en lo que resta de 2026”, advirtieron.

El aumento de las tasas estadounidenses genera un impacto negativo en la deuda argentina, dado que esto implica que los bonos de EE. UU. se están cotizando a la baja. La caída en los bonos estadounidenses tiende a crear un ambiente adverso para toda la curva de rentas fijas a nivel mundial, afectando particularmente la deuda de mercados emergentes y la argentina en específico.

Todos los tramos de esta curva han experimentado descensos, regresando a mínimos de marzo pasado y acumulando pérdidas que oscilan entre el 4,5% en el tramo corto y hasta un 15% en los bonos más largos. Ante la expectativa de que las tasas de EE. UU. continúen ascendiendo, el entorno resulta desfavorable para el panorama de renta fija global y, por lo tanto, para Argentina.

Fernando Menéndez, analista de renta fija soberana de Research Mariva, señaló que la tendencia del Treasury a 10 años por encima del 5,2%, una cifra no vista desde 2007, ha comenzado a generar presión sobre la deuda emergente, y en particular sobre los bonos argentinos. “En este contexto, el EMBI de Argentina ha aumentado hasta los 611 puntos base, una cifra que no se veía desde marzo. Si las tasas prosiguen su ascenso, esta presión probablemente se intensificará, especialmente sobre los bonos con mayor duración”, sostuvo Menéndez.

El descenso de la renta fija argentina está vinculado a factores internacionales, aunque su rendimiento se ha visto aún más comprometido por aspectos locales que complican la dinámica. Analistas de Adcap Grupo Financiero destacan que diversos factores, tanto locales como externos, están afectando la deuda argentina.

“El riesgo país se ha ampliado hasta cerca de 640 puntos básicos, su nivel más alto desde mayo, en el que el BCRA intensificó su programa de compra de reservas internacionales. Pero este fenómeno ya no se relaciona únicamente con el comportamiento de los bonos del Tesoro estadounidense, ya que incluso en jornadas donde los Treasuries y las deudas de mercados emergentes se mantienen casi estables, los bonos argentinos siguen perdiendo valor”, indicaron.

Juan Manuel Franco, economista jefe de Grupo SBS, subrayó que el contexto de tasas globales elevadas sigue afectando negativamente a los bonos Globales, aun en presencia de superávits fiscales. “El aumento del riesgo país a 630 puntos refleja un grado de percepción de riesgo idiosincrático del mercado, ante una desaceleración en las compras en el MULC las últimas semanas, a pesar de que ya se han adquirido más de 143 millones de dólares durante el año. A esto se suma la incertidumbre relacionada con el año electoral 2027”, explicó Franco.

Un aspecto vital a considerar es el impacto de las tasas en el programa financiero del Gobierno y su capacidad para obtener dólares para renovar los vencimientos de la deuda en moneda dura. El Programa Financiero del Tesoro para 2027 contempla necesidades de 24.900 millones de dólares, de los cuales 15.700 millones corresponden a pagos de capital y 9.200 millones a intereses.

Dentro de estos vencimientos se incluyen 4.400 millones con el FMI, 4.900 millones en Bonares, 3.600 millones en Globales y 2.800 millones vinculados a organismos internacionales. Para cubrir sus requerimientos, el Tesoro considera diferentes fuentes de financiamiento, incluyendo 4.900 millones de dólares de compras al BCRA, 5.000 millones de emisiones locales y 4.200 millones de desembolsos de organismos internacionales, entre otras.

Un punto clave es que una parte significativa del financiamiento depende de la obtención de dólares fuera del mercado internacional, mientras que las compras al BCRA implican el uso de reservas. Según el programa presentado, la presión sobre las reservas se estima en aproximadamente 8.600 millones de dólares, sin considerar las operaciones Bopreales que asume el BCRA, ni una posible emisión adicional de Bonares por 5.000 millones.

Analistas de Grupo ST mencionan que esta curva de tasas estadounidenses muestra una mayor probabilidad de aumento en el corto plazo, impulsada, entre otros factores, por el precio de la energía que sigue manteniéndose elevado debido a un conflicto bélico que no muestra signos de resolución, así como por otros commodities alimentarios.

Bajo este contexto, de acuerdo con Grupo ST, el tramo corto se mueve en tasas de 4,85% para 2 años y de 5,11% para 10 años. Respecto al impacto en el ámbito local, se señala que Argentina enfrenta mayores dificultades para acceder a mercados internacionales. “En este contexto, los inversores monitorearán con atención la actividad en el MULC por parte del BCRA, anticipando que se restablezcan las compras, posiblemente a través de operaciones en bloques o con intervenciones diarias superiores”, explicaron.

Por su parte, Adrián Yarde Buller, economista jefe de Facimex Valores, destacó que el marco internacional se torna extremadamente desafiante para Argentina, ya que la restricción en el acceso a los mercados pesa más que la mejora en la cuenta corriente impulsada por el aumento de los precios energéticos. “Con tasas internacionales en estos niveles, la necesaria compresión del riesgo país para acceder al mercado se torna complicada, sobre todo ante la inminencia de las elecciones presidenciales. Para reabrir la ventana de acceso al mercado, es crucial que se estabilicen las tasas globales, aunque eso no significa que no se puedan considerar otras operaciones para manejar el perfil de vencimientos de deuda en moneda extranjera”, detalló.

Finalmente, la consultora 1816 advirtió que el reciente pobre desempeño de los bonos soberanos argentinos se debe tanto a los movimientos de los Treasuries como a un aumento en el riesgo país. De cara al futuro, alertan que la incertidumbre predomina, y resulta difícil vislumbrar que el país vuelva al mercado internacional para emitir bonos antes de las elecciones de 2027, algo que en julio parecía una opción probable cuando el Global 35 se cotizaba por debajo de un 8,75% de tasa.

En este contexto, con los bonos de EE. UU. que podrían rendir 6%, es esperable que la renta fija global y local continúe sufriendo caídas, llevando a los analistas a recomendar posiciones más cortas en la curva de bonos estadounidenses. La performance del riesgo país argentino se vuelve más crítica en comparación con el promedio de América Latina.

Por lo tanto, en términos de estrategias, el mercado se inclina hacia una postura más conservadora respecto a la renta fija local. Matías Ballestrín, jefe de Inversiones de Banco Piano, advierte sobre el efecto de las tasas estadounidenses sobre las curvas de bonos globales, incluyendo la de Argentina, y señala que, si la tasa a 10 años de EE. UU. alcanza el 6%, esto podría generar tensiones en la deuda de riesgo elevado, por lo que es aconsejable ser cauteloso actualmente.

“La prolongación del conflicto en Medio Oriente ha llevado a que el precio del petróleo se mantenga en niveles altos, algo que inicialmente se pensó que sería transitorio. A su vez, la inflación está por encima del objetivo de la Fed y Warsh se mantiene firme en subir las tasas. Un rendimiento del 6% en el bono a 10 años podría resultar excesivo, y estimo que estos niveles pueden impactar negativamente en la deuda de alto rendimiento. La estrategia en este momento es preservar liquidez y mantener posiciones cortas”, subrayó.

En cuanto a las inversiones, el analista de Research Mariva mencionó que su postura es neutral y defensiva en relación a los bonos en dólares. “Preferimos el Bonar 2030 (GD30) y el tramo corto de la curva. Por ahora, evitamos extender la duración mientras las tasas globales permanezcan elevadas y la volatilidad en el mercado de Treasuries sea alta”, sostuvo.

En la actualidad, el tramo corto de la curva presenta rendimientos del 4,2% en el Bonar 2027, alcanzando hasta un 8% en los bonos que son cortos y situándose entre el 10% y el 12% en los de mayor plazo, tanto en Bonares como en Globales.

Maximiliano Tessio, asesor financiero, considera que dentro de la curva en dólares, todavía existe margen de corrección en el tramo posterior al proceso electoral. Ante tales riesgos, Tessio sugiere comenzar a dolarizar a través de instrumentos más conservadores, particularmente el AO27. “Aunque el AO29 y el AN29 son los títulos que reflejan la menor depreciación real anual en comparación con la curva Boncer, sus paridades no parecen especialmente bajas históricamente, lo que podría llevar a un mayor ajuste. Además, preferimos instrumentos en dólares sobre los vinculados a la divisa, dado que la brecha cambiaria está en niveles bajos, lo que reduce el atractivo de asumir el riesgo implícito en estos instrumentos”, explicó.

Por ello, Tessio considera prudente una gradual dolarización del portafolio, comenzando con el AO27, mientras se monitorea la evolución del tramo 2029 para explorar la posibilidad de extender la duración si mejoran las condiciones de entrada.

Si bien una opción para capear la volatilidad del contexto global y las elecciones locales es acortar la duración, otra alternativa es asociarse a instrumentos en dólares que no sean bonos soberanos. El mercado muestra más confianza en las obligaciones negociables en comparación con la renta fija del gobierno.

Asimismo, los analistas señalan que la renta fija provincial, con buenos fundamentales, ofrece una alternativa para escapar de la volatilidad esperada en los meses venideros. Dante Ruggieri, socio de AT Inversiones, destaca la repercusión del aumento de tasas sobre los bonos argentinos, enfatizando que el conflicto bélico entre EE. UU. e Irán es poco probable que se resuelva en el corto plazo, lo que puede llevar al petróleo a mantenerse en niveles relativamente altos, afectando las tasas estadounidenses.

Para Ruggieri, el impacto en Argentina es indirecto, pero más abarcativo, reflejándose en la deuda local que enfrenta presiones tanto externas como internas. “Argentina, al estar más integrada al mundo, enfrenta situaciones similares a las de otros mercados emergentes, pero con un mayor riesgo. A esto se añade la proximidad de las elecciones, que influirán en la percepción del mercado. Además, los datos recientes muestran que la economía no ha crecido y que el salario real no está respondiendo. Con este panorama, se anticipa un aumento de la volatilidad a medida que nos acerquemos a 2027”, sostuvo Ruggieri.

Desde el lado de las inversiones, Ruggieri aconseja mantener una posición cautelosa y acortar la duración en bonos argentinos, además de contemplar las obligaciones negociables. “Mi estrategia en bonos continúa siendo la misma que he mantenido durante todo el año. Si bien los soberanos están volviendo a ofrecer rendimientos de dos dígitos, su relación riesgo-recompensa no me convence. Prefiero el AO27, que no enfrenta riesgo electoral, o las obligaciones negociables de empresas generadoras de dólares”, detalló Ruggieri.

Los analistas de IEB también se alinean con la cautela en relación a los bonos soberanos. “Mantenemos la posición en Córdoba 2035, una provincia con superávit fiscal ininterrumpido desde 2019, la cual se ha presentado como la de mejor desempeño fiscal en los últimos cinco años. Además, el 40% de sus ingresos son propios, lo que indica una fuerte autonomía fiscal. Su perfil de deuda es favorable y ha mejorado la cobertura de sus vencimientos. Se han mostrado más conservadores que los bonos soberanos ante choques negativos como el aumento del riesgo país”, comentaron.

En cuanto a las obligaciones negociables, desde IEB mencionaron que para carteras más conservadoras optan por bonos corporativos de buena calidad crediticia. “Nuestros seleccionados son Loma Negra 2029 (LOC6O) que rinde 6,1%, CNH a 2029 (CICBO), con tasas de 7,0%, y Oleoductos del Valle a junio de 2029 (OLC6O), con una TIR del 6,0%.

Por último, los analistas de Criteria también destacan que existen razones adicionales, más allá de lo local y las tasas de EE. UU., que justifican mantener una cierta cautela en bonos soberanos. Así, para carteras en dólares con una visión de largo plazo, Criteria sigue priorizando la curva bajo ley local, dando preferencia a los tramos más cortos en el caso de los soberanos y a las obligaciones negociables para reducir la volatilidad. En este contexto, su recomendación se centra en el AL30, complementándolo con Obligaciones Negociables en moneda dura de empresas de alto nivel crediticio, tales como la ON de TGS a 2031 (TSC3), Vista a 2030 (VSCX), YPF 2031 (YMCX) o Pampa 2029 (MGCT).

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