El presidente de la Federación Porcina Argentina, Daniel Fenoglio, indicó que el consumo podría ser todavía mayor si se contemplara la actividad no registrada. “Hoy se habla de que el consumo no son veinte kilos, sino que son veinticuatro kilos”, expresó. El dirigente vinculó el crecimiento con la incorporación de cortes frescos a la mesa cotidiana y destacó que el cerdo compite por precio con la carne vacuna, aunque advirtió sobre la desventaja de costos de la industria local frente a Brasil y las dificultades para acceder a mercados internacionales.
La diferencia de precios también está relacionada con la eficiencia productiva. “El cerdo convierte el alimento de 2,4 a 1”, explicó Fenoglio, en referencia a la cantidad de alimento necesaria para producir un kilo de carne. En el caso del ganado vacuno, una vaca necesita entre siete y ocho kilos de alimento por cada kilo de carne producido, una diferencia que repercute en los costos y, posteriormente, en el precio que paga el consumidor.
Los tiempos de producción también marcan una diferencia. “Entre que nace el cerdo y se va al mercado son 170 días”, afirmó, mientras que el ciclo del ganado vacuno puede extenderse entre dos y tres años desde el nacimiento hasta el engorde. De acuerdo con Fenoglio, una cerda produce entre 4.000 y 4.200 kilos de carne al año, mientras que una vaca genera durante ese período un ternero de aproximadamente 150 kilos. Estas diferencias en tiempos y rendimientos ayudan a explicar la disparidad de precios: mientras la carne vacuna ocupa un segmento de mayor valor, el cerdo se ubica junto al pollo entre las opciones más accesibles.
Uno de los principales desafíos para la industria porcina argentina es la competencia de Brasil. Un informe de la Fundación Mediterránea señaló que el costo de producción de un cerdo en Brasil es un 50% menor que en Argentina y que las importaciones argentinas de carne porcina proveniente de ese país crecieron un 20%. Fenoglio subrayó además la diferencia de escala entre ambos mercados: “Brasil exporta el 30% de su producción, que equivale al total de la producción argentina”. Mientras las granjas más grandes de Argentina cuentan con entre 7.000 y 10.000 cerdas productivas, en Brasil pueden alcanzar entre 150.000 y 300.000.
A esa diferencia se suman, según el titular de la Federación Porcina Argentina, las ventajas competitivas de Brasil en materia de infraestructura, caminos rurales, carga tributaria y acceso al crédito, además del impacto del tipo de cambio sobre los costos. En Argentina existen aproximadamente 2.500 productores porcinos registrados, de los cuales unos 500 concentran el 90% de la producción y la faena nacional. Fenoglio consideró que la informalidad representa “un gravísimo problema” para el sector.
El dirigente indicó que su empresa vende principalmente en supermercados, un canal que favorece la formalidad que no siempre se encuentra en las carnicerías. El acceso a carne fresca en estas cadenas permitió ampliar y diversificar la oferta disponible para los consumidores.
Hace tres décadas, el consumo anual de carne de cerdo se ubicaba entre tres y cuatro kilos por habitante y una parte importante se destinaba a fiambres y chacinados. Con el paso del tiempo, el sector promovió la comercialización de cortes frescos como bondiola, matambrito, carré, paleta, nalga, cuadrada y bola de lomo. Muchos de estos cortes adoptaron denominaciones similares a las de la carne vacuna para facilitar su incorporación a los hábitos de compra. “Bola de lomo, nalga, cuadrada, peceto”, enumeró Fenoglio en relación con los cortes provenientes de la pata del cerdo.
El acceso a mercados externos también constituye una diferencia frente a Brasil. Ese país tiene abiertos 70 mercados para sus productos porcinos, mientras que Argentina cuenta con 30 destinos habilitados, lo que limita las alternativas para colocar la producción local en el exterior.
El presidente de la Federación Porcina Argentina aseguró que el sector no se opone al libre comercio, pero sostuvo que la apertura para las importaciones avanza a mayor velocidad que las autorizaciones necesarias para exportar productos argentinos. En ese sentido, los productores esperan desde hace dos años la habilitación de China para enviar subproductos porcinos, como cabezas, patas y otros cortes de menor demanda. “China los paga muchísimo”, acotó Fenoglio.
Como referencia, los productores argentinos comercializan patas, manos y cabezas en países africanos a unos USD 500 la tonelada, mientras que China podría pagar entre USD 1.500 y USD 2.000 por tonelada. Según Fenoglio, el acceso a ese mercado permitiría mejorar los ingresos de las empresas y contribuir a reducir el precio de otros cortes.












