La declaración no es jurídicamente vinculante y propone reforzar la cooperación nacional, regional e internacional a partir de la evidencia científica, la equidad y el respeto por los derechos humanos. El voto argentino volvió a mostrar la coincidencia diplomática del Gobierno con Washington en este tipo de iniciativas multilaterales.
Entre sus principales propuestas, el texto plantea fortalecer los sistemas de vigilancia epidemiológica, ampliar las capacidades sanitarias de cada país y promover la investigación, el desarrollo y la producción local y regional de insumos médicos. También destaca la importancia de contar con financiamiento sostenible e impulsar la participación de las comunidades.
Otro de los objetivos es garantizar un acceso equitativo a los beneficios derivados del intercambio de patógenos, incluidos los productos médicos desarrollados a partir de ese material, como vacunas, tratamientos y pruebas de diagnóstico. La declaración sostiene que la preparación frente a futuras emergencias sanitarias requiere respuestas coordinadas entre países y sectores.
El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, celebró la aprobación del documento e instó a los gobiernos a cumplir los compromisos asumidos después de la pandemia de COVID-19. También pidió avanzar en las negociaciones pendientes para implementar el Acuerdo sobre Pandemias de la OMS, adoptado en 2025.
Uno de los puntos aún pendientes es el Sistema de Acceso a Patógenos y Distribución de Beneficios (PABS), que busca establecer reglas para compartir muestras de patógenos y datos genéticos, junto con los beneficios derivados de los productos médicos desarrollados a partir de ellos. La OMS prevé revisar los avances en mayo de 2027 o durante una sesión extraordinaria.
La declaración debía aprobarse por consenso durante una reunión de alto nivel celebrada el 25 de septiembre, pero las objeciones de Estados Unidos y otros países impidieron alcanzar un acuerdo. Por ese motivo, la iniciativa fue sometida a votación en la Asamblea General, donde finalmente obtuvo el respaldo de la mayoría de los Estados miembros.
Durante las negociaciones, el representante estadounidense cuestionó lo que definió como “ideologías divisorias que carecen de consenso conceptual” y planteó objeciones vinculadas con el Acuerdo sobre Pandemias. En sentido contrario, Chile defendió la cooperación internacional y advirtió que ningún país, independientemente de su tamaño o nivel de preparación, puede enfrentar por sí solo una amenaza que no reconoce fronteras.
La votación se produjo en un contexto de distanciamiento del Gobierno argentino respecto de la OMS. En febrero de 2025, la administración de Milei había anunciado su decisión de retirar al país del organismo, siguiendo una iniciativa similar impulsada por el entonces presidente estadounidense Donald Trump. La salida argentina estaba prevista para marzo de 2026.
El posicionamiento también tiene un antecedente reciente en Naciones Unidas. El 25 de marzo, Argentina, Estados Unidos e Israel fueron los únicos países que votaron en contra de una resolución que calificó la trata transatlántica de africanos esclavizados como “el crimen más grave contra la humanidad”. Esa iniciativa recibió 123 votos a favor y 52 abstenciones.












