La música folklórica ocupará un rol destacado. A las 13 horas, el grupo Folklórico Sol Argentino, originario de Merlo, subirá al escenario, seguido a la 14 por el cantante Javier Sá. A las 15, se presentará la joven Melina Van Loo, mientras que a las 16 será el turno del reconocido cantautor Bruno Arias, acompañado de invitados especiales. La jornada culminará a las 17 con una animada presentación del grupo de cumbia Corazón Valiente, tributo a Gilda. La entrada es libre para quienes deseen disfrutar de la rica cultura argentina.
La Feria de Mataderos es considerada una de las más tradicionales y ha sido declarada patrimonio cultural de la ciudad. “Es un lugar emblemático para los porteños”, señala el gerente operativo de Programación y Eventos de la Dirección General Promoción del Libro, Bibliotecas y la Cultura del Ministerio de Cultura de la ciudad. “En ella se encuentra toda la Argentina. Al recorrerla, uno siente que está en la plaza de un pueblo del interior, rodeado de gauchos, artesanos y gastronomía típica. Es un evento cultural maravilloso cada domingo”, agrega.
Desde el comienzo de la feria en 1986, Gustavo Barranco ha sido un artesano presente con su puesto de platería criolla; él fue el más joven en inaugurarlo y se enorgullece de ser el primero en llegar y el último en irse cada día. “Yo encontré mi lugar en el mundo”, comenta Barranco, que es oriundo del Chaco y comenzó a hacer artesanías a los 5 años. Su trabajo se centra en la alpaca, el aluminio y el bronce, creando artículos como mates, pavas, bombillas y puñales. Barranco, quien es excombatiente de Malvinas, incorpora motivos relacionados en su colección de bijouterie.
Visitar la feria es una inmersión en la cultura nacional a través de sus artesanías y su gastronomía. Además, se puede participar en talleres de folklore, telar, guitarra y sikus, entre otros, que se ofrecen cada domingo y en feriados patrios. También es común unirse al baile espontáneo frente al escenario.
Ana María Puche, profesora de folclore que lleva 39 años dictando talleres, señala que cada semana recibe alumnos de todas las edades. “Cada vez más personas quieren aprender a bailar un gato, una zamba o una chacarera. Les enseño los pasos básicos, y algunos regresan cada fin de semana para perfeccionar y seguir aprendiendo”, cuenta.
La gastronomía siempre ha sido un atractivo en la feria. En sus inicios, se limitaba al choripán y las empanadas, pero con el tiempo ha crecido para incluir platillos típicos de todas las regiones del país. Los favoritos para disfrutar en el lugar son el asado y las empanadas, cada una con un toque distintivo de su provincia. También se pueden degustar tortas fritas, locro, carbonada, tamales y comidas de países vecinos como chipá y sopa paraguaya, así como los tradicionales sándwiches de milanesa y lomito. En otro sector, se ofrecen productos regionales como aceites de oliva, hierbas, chacinados artesanales, mieles, mermeladas, dulce de leche, quesos, vinos, aceitunas y alfajores.
Los espectáculos en vivo tienen su propia historia. Según el animador Julio El Chelco Rodríguez, quien ha estado en el escenario desde 1990, han pasado por allí grandes figuras como Horacio Guaraní, Mercedes Sosa, el Chango Nieto, y Soledad, entre otros.
Rodríguez recuerda que la feria nació con la democracia y ha crecido hasta convertirse en uno de los eventos culturales más importantes del país, atrayendo turistas de todo el mundo. “Hoy la Feria de Mataderos se encuentra en las guías turísticas de los aeropuertos. Vienen personas de México, Francia, Brasil, Inglaterra y Alemania. El mundo transita por la Feria de Mataderos”, expresa.
Fernando Cordera, coordinador general desde 2017, la describe como el espacio del folklore nacional en la Capital. “Toda la Argentina está en un solo lugar; aquí se encuentran el campo y la ciudad. Es un punto de encuentro con las raíces”, aclara.
Además de visitantes locales, la feria atrae a numerosos turistas internacionales. “Vienen de Francia, China, Estados Unidos y Canadá. Buscan salirse de los recorridos habituales y vivir experiencias auténticas y relacionadas con la tradición argentina. Estamos en un lugar distinto al recorrido habitual de La Boca, el casco histórico y Plaza de Mayo”, añade.
Para conmemorar sus cuarenta años, la panadería y confitería La Esperanza, situada en Avenida de los Corrales y Timoteo Gordillo, donará una torta de cuatro metros que se compartirá con los asistentes al evento. La celebración se suspenderá en caso de lluvia.
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