Por segundo año consecutivo, la actividad económica de la región presenta señales de expansión, pero el empleo asalariado registrado, que incluye salario, prestaciones y cobertura de salud, continúa en descenso. Desde el inicio de la actual gestión se perdieron 241.000 puestos de trabajo asalariados privados, equivalente al 4% del total. A esto se sumó la eliminación de 73.000 empleos en el sector público, según datos oficiales.
La cantidad de empleadores privados también se redujo. De acuerdo con un centro de estudios, actualmente hay alrededor de 482.000, el nivel más bajo desde 2007. Un análisis privado señala además que Neuquén fue la única provincia que registró un aumento en la creación de empresas durante el período, lo que indicaría que los trabajadores desplazados de sectores en dificultades no están siendo absorbidos en forma significativa por actividades en expansión.
El deterioro del mercado laboral aparece además como uno de los principales desafíos políticos de cara a las elecciones del próximo año. En el último año, el desempleo pasó a ocupar un lugar más importante entre las preocupaciones económicas de los votantes, mientras el nivel de aprobación del Presidente se ubicó en torno al 37%, cerca de su menor registro desde el inicio de su mandato.
La evolución de las prioridades de los votantes también está vinculada con la fuerte reducción de la inflación. La comparación histórica muestra que un aumento del desempleo no necesariamente impide una reelección: en 1995, Carlos Menem logró renovar su mandato después de haber reducido la hiperinflación, pese a que la desocupación se encontraba en niveles de dos dígitos. En aquel momento, sin embargo, la inflación anual era inferior al 2%, mientras que para el próximo año las estimaciones ubican la inflación argentina alrededor del 20%.
Las medidas aplicadas para contener los precios también tuvieron efectos sobre el empleo. La reducción del gasto público derivó en una menor cantidad de obras y, junto con el aumento de algunos costos de servicios, impactó sobre la actividad de la construcción, los ingresos disponibles y el consumo.
A esto se sumó un tipo de cambio más fuerte, que encareció los servicios locales frente al exterior y afectó actividades como la tecnología y el turismo. La apertura de la economía a la competencia internacional contribuyó a moderar determinados precios, pero también generó presión sobre industrias tradicionales.
Incluso sectores considerados competitivos, como petróleo, minería y tecnología, registraron una desaceleración o un estancamiento en la contratación durante la actual gestión, según cifras oficiales y reportes sectoriales.
En el sector tecnológico, el aumento de los salarios privados medidos en dólares redujo los márgenes de algunas empresas. Una compañía dedicada a servicios en la nube, por ejemplo, casi duplicó su plantilla desde el inicio de la pandemia hasta la asunción de Milei, hasta alcanzar unos 40 trabajadores. Sin embargo, el incremento de los costos laborales llevó a su propietario a evaluar contrataciones en Brasil y una expansión hacia Colombia, donde los costos son menores.
En Buenos Aires, la oferta de trabajadores especializados también supera a la demanda en determinados segmentos. La cantidad de profesionales tecnológicos que buscan empleo llevó a algunas empresas a dejar de considerar incorporaciones para puestos iniciales. La situación refleja un deterioro de las oportunidades laborales incluso entre trabajadores con altos niveles de capacitación.
La desocupación dentro del empleo formal llegó al 7,8%, mientras el mercado informal continúa ganando participación y representa actualmente el 44% de la fuerza laboral. Un estudio académico detectó un aumento de trabajadores de distintos niveles educativos y salariales que desarrollan actividades sin contrato. Para especialistas en mercado laboral, la informalidad representa una alternativa menos favorable que el empleo registrado, aunque funciona como una opción frente a la falta de trabajo.
La mayor presión sobre el mercado laboral también se observa en los programas de capacitación. Durante este año, una organización dedicada a la formación en oficios recibió más de 3.500 solicitudes para 700 vacantes, un 40% más que el año anterior. La demanda llevó a ampliar las instalaciones para capacitar a personas que no consiguen empleo o que no alcanzan ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas.
El crecimiento de la informalidad aparece como una de las respuestas frente a este escenario. La menor carga impositiva asociada a esas actividades y el cierre de negocios contribuyen a que una parte de los trabajadores busque alternativas fuera del empleo registrado.
La situación también se refleja en casos individuales. Un trabajador de 56 años permanece desempleado desde noviembre, cuando cerró la fábrica de muebles en la que trabajaba debido a la caída de las ventas. Después de postularse a unos 30 empleos sin obtener respuesta, actualmente participa de su segundo programa de capacitación y depende económicamente de los ingresos de su esposa.
El escenario muestra que, mientras la inflación perdió peso entre las principales preocupaciones económicas, el acceso al empleo, los ingresos y la posibilidad de llegar a fin de mes adquirieron mayor relevancia para una parte de los trabajadores.












