Sica sostuvo que la evolución del comercio bilateral depende principalmente del nivel de actividad de Brasil, mientras que las variaciones del tipo de cambio y de los precios tienen una incidencia complementaria. “Todos los estudios que hay y la experiencia, te diría, [indican que] setenta por ciento de nuestro comercio se mueve por las señales de ingreso. Si Brasil crece, vendemos más; si Brasil no crece, vendemos menos”, afirmó.
En ese contexto, advirtió que una menor expansión de la economía brasileña podría repercutir sobre las ventas argentinas al exterior. “Si Brasil crece menos del 1 %, chao nuestras exportaciones”, sostuvo. Según explicó, el impacto podría sentirse especialmente en provincias como Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires, donde numerosas empresas dependen de la demanda del país vecino.
El economista también señaló que una depreciación del real puede favorecer el ingreso de productos brasileños a la Argentina. Sin embargo, distinguió ese efecto de las consecuencias que tiene la evolución de la actividad económica sobre el volumen del intercambio comercial.
Las variaciones cambiarias, agregó, se perciben de manera inmediata en las zonas de frontera, donde los consumidores cruzan de un país a otro para aprovechar las diferencias de precios. Cuando el tipo de cambio favorece a Brasil, aumenta el incentivo para comprar y cargar combustible allí; cuando la relación se modifica, ocurre el movimiento inverso.
Sica recordó que Brasil y China compiten históricamente como proveedores de productos industriales y bienes de capital para el mercado argentino. Según describió, las restricciones comerciales aplicadas alternativamente a uno u otro país modificaron los flujos de importación, sin eliminar la competencia externa.
Al analizar la integración regional, sostuvo que el comercio dentro del Mercosur todavía está lejos de alcanzar su potencial. Mientras que el intercambio entre los países de la Unión Europea supera el 40% de sus exportaciones, el comercio bilateral entre Argentina y Brasil representa menos del 15% de las ventas externas, según las cifras que mencionó.
El sector automotor constituye una de las principales excepciones. Sica explicó que las terminales de ambos países consolidaron cadenas productivas integradas durante años de cooperación industrial. “Casi te diría que del comercio el 50 % se mueve por el sector automotriz”, afirmó al destacar el peso de esa actividad en el intercambio bilateral.
También mencionó la química, la petroquímica, las pymes, las economías regionales y los alimentos entre los sectores que participan del comercio entre ambos países. A su vez, identificó una oportunidad de crecimiento en la energía, especialmente a partir de la producción de Vaca Muerta y de los proyectos de infraestructura para transportar gas argentino hacia el sur de Brasil.
En relación con las diferencias políticas entre Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva, el exministro consideró que las empresas toman sus decisiones en función de las condiciones económicas y comerciales. Como ejemplo, señaló que las tensiones entre los presidentes no necesariamente modificarán los planes de inversión y producción de las automotrices que operan en ambos mercados.
No obstante, advirtió que un vínculo diplomático deteriorado puede demorar acuerdos y dificultar las negociaciones dentro del Mercosur. Para Sica, el bloque necesita avanzar en consensos que permitan profundizar la integración regional y negociar con otros mercados.
En ese escenario, destacó la importancia de los recursos naturales de América Latina y las oportunidades que ofrecen la energía y la minería. También se refirió al acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, cuya evolución consideró difícil de revertir. Según afirmó, las exportaciones argentinas hacia el bloque europeo crecieron casi un 30% durante el año, con participación de empresas de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires.
Sin embargo, advirtió que las inversiones en energía y minería no se traducen automáticamente en un desarrollo inmediato de la industria proveedora local. Para ilustrarlo, recordó que Vaca Muerta necesitó cerca de una década para desarrollar capacidades tecnológicas, logísticas y de servicios que hoy conforman un ecosistema productivo.
En el caso del cobre, consideró que la Argentina dispone de recursos, demanda, tecnología y condiciones de mercado para desarrollar la actividad, aunque la formación de una red de proveedores llevará tiempo. Como referencia, mencionó a Chile, que tardó 15 años en consolidar su industria cuprífera y actualmente cuenta con alrededor de un millón de trabajadores y 1.500 proveedores propios vinculados al sector, según los datos que citó.
El economista cuestionó que las políticas de compre local sean consideradas una solución suficiente para desarrollar esas cadenas productivas. En cambio, planteó que el desafío consiste en capacitar a las empresas, formar recursos humanos y facilitar certificaciones que les permitan cumplir con los estándares exigidos por los grandes proyectos.
Finalmente, Sica remarcó la necesidad de mejorar la productividad dentro de las compañías mediante tecnología, eficiencia y reducción de costos. Según sostuvo, la posibilidad de competir en los mercados internacionales dependerá de que las empresas argentinas adapten sus procesos productivos a las nuevas exigencias de calidad, trazabilidad y productividad.












