El resultado trimestral refleja un escenario de estancamiento después del crecimiento registrado hacia fines de 2025. La serie desestacionalizada muestra que el nivel de actividad de junio se ubicó por debajo de los registros de marzo, enero y diciembre del año pasado.
Durante el primer semestre, la economía acumuló un crecimiento interanual de 1,9%, por debajo del 4,5% registrado al cierre de 2025.
La evolución de los últimos meses fue dispar entre los distintos sectores. El crecimiento de junio estuvo impulsado en buena medida por actividades vinculadas con los recursos naturales. Minería y energía avanzaron 0,4%, mientras que la pesca registró un incremento superior al 30%.
En cambio, las actividades más relacionadas con el mercado interno tuvieron un comportamiento diferente. La industria mostró una recuperación mensual cercana al 1%, pero la construcción y el comercio retrocedieron alrededor de 1%. De esta manera, la mejora del nivel general de actividad convivió con dificultades en sectores con una mayor incidencia sobre el empleo privado.
El comportamiento de la economía durante el año estuvo marcado por avances y retrocesos sucesivos. La actividad alternó períodos de crecimiento con nuevas caídas, mientras que minería y energía sostuvieron el resultado agregado y la industria, el comercio y la construcción enfrentaron mayores dificultades.
Uno de los principales límites para una recuperación más firme continúa siendo la inversión. Un análisis privado sobre este indicador señaló que en junio la inversión cayó 6,2% interanual en términos de volumen físico y acumuló una baja de 7,6% durante el primer semestre. Expresada en dólares, la inversión de junio alcanzó los US$7.464 millones.
El mayor retroceso se observó en maquinaria y equipo, con una disminución de 11,2% frente a junio del año pasado. Los equipos de origen nacional cayeron 9,5%, mientras que los importados retrocedieron 12,7%. En los primeros seis meses del año, este componente acumuló una baja de 12,2%.
La construcción registró una leve recuperación interanual de 0,4% en junio, aunque todavía acumula una caída de 1,7% en el año. El nivel de inversión continúa siendo bajo y no aparecen señales claras de una recuperación generalizada.
Los proyectos anunciados bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) podrían modificar parcialmente este escenario, aunque su impacto dependerá de los tiempos de ejecución. Los cronogramas previstos para esas iniciativas presentan flexibilidad, por lo que su concreción podría demorarse y postergar su impacto sobre la inversión efectiva.
Las dificultades también se reflejan en la industria. Un análisis del sector estimó que siete de las doce principales cadenas industriales operan entre 30% y 40% por debajo de sus máximos históricos de la última década, mientras que la capacidad ociosa promedio se ubica cerca del 40%.
El mismo relevamiento calculó que entre diciembre de 2023 y abril de este año cerraron 3.759 empresas industriales. De ese total, 1.070 cierres se produjeron durante los primeros cuatro meses de 2026. La proyección incluida en el análisis contempla otros 2.000 posibles cierres durante el resto del año.
Las perspectivas para los próximos meses tampoco muestran hasta ahora motores definidos capaces de acelerar el nivel de actividad. La inversión acumula cuatro trimestres consecutivos de caída, mientras que el consumo continúa condicionado por la evolución de los salarios, el endeudamiento de los hogares, la morosidad y el costo del crédito. A esto se suma el control sobre el gasto público.
En este escenario, las exportaciones aparecen como uno de los factores con mayor capacidad para sostener el crecimiento, especialmente por el aporte de la actividad agropecuaria, la minería y la energía. Sin embargo, una expansión concentrada en esos sectores tiene un impacto más acotado sobre el empleo en comparación con una recuperación de la industria, el comercio y la construcción.
Una estimación privada calculó que, si la economía mantuviera durante el resto del año el nivel de actividad registrado en junio, el Producto Bruto Interno (PBI) terminaría 2026 con un crecimiento de 1,2%.
La proyección contrasta con el último relevamiento de expectativas de mercado, que prevé una expansión anual de 2,7% para la economía argentina.












